LP2En este país todos los días hay actos de heroísmos que pasan desapercibidos, tal vez por la angustia que nos genera la violencia, la persecución de productos básicos que nos hacen mirar hacia abajo -para ver qué traen las otras personas en las bolsas-, la medicina que no conseguimos y otros tantos etcéteras que nos hacen vivir a destiempo. Le pido, amigo lector, que se ubique en el presente, en esta mañana. Observe “los camisa azul”, los adolescentes que van a sus liceos y dígame qué ve.

En primer lugar, van limpios, su uniforme puede estar un poco o muy gastado, eso se nota, pero está limpio y bien planchado. A mí siempre me ha llamado la atención el valor que los venezolanos le damos al cuidado personal, tal vez botamos los papeles a la calle, pero nos gusta andar limpios y hablo especialmente de los habitantes de zonas populares. Recuerdo mis primeros años en Fe y Alegría, hace 4 décadas, cuando trabajaba en una comunidad muy al sur de Maracaibo, donde observaba a los adolescentes de poblados vecinos y de los barrios del sur. Los observaba en las excursiones desde que se levantaban: todos con su cepillo de diente en la mano y, luego, venir al desayuno limpios. No importaba cuán pobres fueran sus hogares. Ahora sigamos con la escena de los adolescentes rumbo sus liceos.

¿Qué hay detrás de esas “camisas azules”? Aquí viene lo ordinario convertido hoy en extraordinario: hay unas madres, que tienen que haber pasado horas y hasta días para conseguir el detergente, tal vez le costó el equivalente a uno o dos días de salario si tuvo que comprarlo con sobreprecio, grandes sacrificios para que su hijo vaya limpio al liceo. Más aún, tal vez le haya tocado como Anita, de Petare, o Yraudis, de San Félix, un trasnocho esperando el agua y si vive en el interior, por estas semanas habrá tenido que estudiar durante sus horas de electricidad en su sector… O sea, una carrera de obstáculos cada semana para lograr su objetivo: que su hijo-estudiante vaya digno al liceo. Y por supuesto, le regalará al salir de la casa su “Dios te bendiga y te acompañe”.

¿Ha pensado usted en la grandeza de esas madres?, ¿ha pensado en la cantidad de madres garantizando “camisas azules” gracias a sus actos de heroísmo cotidiano? Yo me quedo admirada y, mientras peor está la situación, más crece mi admiración por el pueblo venezolano. Es verdad que estamos teniendo inasistencia en las escuelas, incluso deserción por causa de la escasez de alimentos, la inflación, eso verdad, pero los que perseveran lo hacen gracias a la dosis de fortaleza de sus familias. ¿Había pensado en eso?

De esta crisis no podemos salir con la mirada deteniéndose sólo en las sombras, si logramos limpiar esa mirada, ampliarla, desprejuiciarla, veremos que hay más fuerza que debilidad, más bondad que maldad en la gente que llamamos “común”, pero, que es realmente extraordinaria. ¿Cree todavía que somos un pueblo dormido, como dicen muchos? Madres dormidas no lavan ni planchan “camisas azules”. Una camisa azul camino al liceo es signo de la vocación de vida digna del venezolano. ¿Ya cambió su mirada? Claro, ahora hay que convertir esas heroicidades en voces organizadas que se escuchen arriba también.

Luisa Pernalete


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Joven emprendedor, creo en Dios y sus promesas, programador, apasionado por las tecnologias y Fundador de Empresario Virtual, poeta http://www.empresariovirtual.org Mil Palabras!