Esta vez voy a alabar a los padres. Ya sé que la fama es mala en este país; de hecho, el término “paternidad irresponsable” está muy bien acuñado, y si bien no se puede negar que hay mucho de eso, quisiera hacer justicia con todos esos padres tan “buena gente” que casi merecen ser llamados “madres”. Es posible que entre gol y gol alguien me lea.
Esta vez voy a alabar a los padres. Ya sé que la fama es mala en este país; de hecho, el término “paternidad irresponsable” está muy bien acuñado, y si bien no se puede negar que hay mucho de eso, quisiera hacer justicia con todos esos padres tan “buena gente” que casi merecen ser llamados “madres”. Es posible que entre gol y gol alguien me lea.
Yo conozco unos cuantos. Algunos son padres/sacerdotes, con gran capacidad de escucha, solidarios, incondicionales, generosos con su tiempo y con su verbo. ¿No son esas las cualidades que solemos atribuir a las madres? Pues yo en esa lista pongo, entre otros, al padre Mario, antes en un barrio de San Félix y ahora en un barrio de Caracas, ocupado en comprender gente, en poner atención a jóvenes, capaz de admirarse como si fuera un niño, captar detalles de bondad de los que el rodean. Está también el padre “Chusma”, siempre con una sonrisa, el que recuerda que hay que tener paciencia histórica; ¿y qué me dicen del padre Wyssem?, ¡jamás olvida un cumpleaños! Hasta cuando te hace observaciones respira buen humor y una no queda más que agradecida, ¡Verdadera madre! No quiero dejar de lado al padre Jaime, comprende sin que uno explique qué está pasando, capaz de alabar sin mezquindad. En esta lista quiero meter al padre Arturo, no lo imagino entonando una canción de cuna, pero sí lo veo poniendo atención a los cuentos de una como si estuviera en una reunión de alto nivel. ¿No son como madres?
Y ahora voy a mencionar a la camada de padres, esposas de mis “comadres”, esas mujeres que se la pasan en las comunidades populares siempre ocupadas en dar vida a todos sus “ahijados”, esas que ante cualquier problema en vez de salir corriendo, dicen: “¡hay que hacer algo!”, pues esas mujeres tienen unos hombres como padres de sus hijos que entienden la “maternidad ampliada” de sus esposas y hay que ver cómo se portan de bien. ¿Qué haría la señora Elsy si Joel noaceptara esa agenda de la negra? Siempre, de paso, con esa sonrisa. Joel merece su premio de “buen padre”. ¡Y la señora Erika! Esa se sacó la lotería con ese padre amoroso. Pero igual pueden decir Célika y Adela, de Brisas del Orinoco. Ellas se pueden ocupar de muchas cosas en la comunidad porque sus compañeros, padres de sus hijos, están ahí también. ¡Aplausos para esos padres!
Incluso quiero meter en esta lista de héroes anónimos a esos padres que no abandonan a sus hijos aunque hayan sido niños abandonados. “No voy a repetir la historia”, me dijo David una vez.
Finalmente, pasemos a esospadres, profesionales y casados con mujeres activas, que no tienen problema en compartir “guardias” para teteros y medicinas, hasta saben de las tareas del preescolar, comprenden que los tiempos de la esclavitud pasaron y que las labores del hogar ya no son exclusivas de las madres. ¿No es más justa este reparto de responsabilidades? Las sonrisas de los hijos e hijas llenarán a los dos. Reconocimiento para Edgar, Franz, Alfonzo, Jorge, Luis Ángel, Oscar, Eligio, Brian, José… y muchos más. Parafraseando a Mandela: ¡Padres buenos hay en todas partes!
Hay abuelos meritorios también, ¡dos veces papás y no se cansan! Sus nietos y nietas los aclaman. En más de un curso de madres, hablan de la figura de los abuelos como el oasis de su infancia.
Lo bueno de estos recorridos es que me hacen cantar, “¿quién dijo que todo está perdido?”. Si existen esos, seguro que es porque ser buenos padres no es un tema del cine, sino una esperanza, porque los buenos padres son necesarios.
Luisa Pernalete