El 16 de mayo se celebra el Día Internacional de la Convivencia en Paz. Para convivir en paz, hay que saber resolver los conflictos de manera pacífica y hay maneras de hacerlo. En Venezuela necesitamos entendernos, aceptar que tenemos problemas y diferencias.  

El Día de la Convivencia en Paz fue decretado por la Asamblea General de la ONU en 2017, con el fin de promover la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la paz entre los pueblos. Pero ese día tiene que ver también con nosotros, los ciudadanos comunes.  No se trata de no tener problemas de convivencia, pues en toda relación humana pueden surgir problemas, sin embargo, hay diversas formas de enfrentarlos. ¿Echamos más leña al fuego,  devolvemos golpes con golpes o lo resolvemos de manera pacífica?

Gandhi, pionero de la no violencia, decía que la paz sólo podía conseguirse por métodos pacíficos, señalando que con eso de “ojo por ojo, terminaremos todos ciegos”. También es suyo que un éxito logrado con violencia será algo efímero, porque se necesitará más violencia para mantenerlo.

Lo anterior vale para conflictos grandes, entre dos países o entre varias partes dentro de un país, o entre vecinos, incluso  en conflictos intrafamiliares.

Les comparto mi “Curso abreviado de resolución pacífica de conflictos” o si lo prefieren “Resolución de conflictos en 5 C”.

Primer paso: cálmese.  Alterados no se puede pensar bien, no se decide bien. Si se está alterado, solo conseguirá gritar o insultar. He escuchado líderes en este país hablar de querer resolver los problemas y se refieren a la otra parte con descalificaciones y de manera despectiva. En pequeño, en su casa, entre vecinos, recomiendo respirar profundo, contar hasta 10 o hasta 20, antes de dar el siguiente paso.

Segundo paso: converse.  Ello supone escuchar a las partes en conflicto. Entre hermanos: qué pasó.  Igual entre vecinos.  Ambas partes -una vez que se han calmado- deben escucharse mutuamente. Los mediadores, se supone que son aceptados y tienen autoridad, ayudan mucho a facilitar esa conversación. Es bueno moderar el intercambio, que de verdad se escuchen;  no se trata de caerle uno al otro, sino de aclarar la situación.

Tercer paso: comprométanse.  Se trata de resolver, no de vengarse;  se trata de que la situación de conflicto no se eternice y haga imposible la convivencia fraterna. ¿Qué hará cada uno para enmendar lo que sucedió? ¿Se requiere alguna reparación? ¿Alguien tiene que pedir perdón y alguien tiene que perdonar?  Las partes deben proponer. La mediación puede ayudar. En algunos casos, por ejemplo, si se trata de un conflicto entre hermanos, es probable que la madre sea la mediadora,  tal vez se requiera que cambie su rol a “juez de paz” para ayudar a los compromisos. Es importante que el asunto no termine en castigos, gritos y regaños:  eso no resolverá nada y la pelea puede seguir más tarde.

Cuarto paso: confíen. Es verdad que la confianza no se puede imponer, pero una resolución pacífica supone que se confía en el otro para cumplir con los compromisos.  Conviene que “alguien” haga el seguimiento: la madre (si se trata del contexto familiar); la junta de condominio (si es un problema entre vecinos de un edificio); la maestra o algún directivo (en el caso de un centro educativo)…

Quinto paso: caminen juntos o “hagan algo juntos”. No debe ser “obligado”.  Esto ayuda mucho para sellar la paz:  que se proponga desarrollar alguna acción conjunta, algo que no suponga el “yo gané o yo te voy a ganar”. Recuerdo una vez, en una escuela, un gran pleito entre dos secciones, por rivalidades deportivas; se siguieron estos pasos y se terminó proponiendo hacer un mural entre ambas  secciones.

¿Puede servir este camino para partes enfrentadas en un país? ¿Puede servir para Venezuela? Pues creo que sí: en nuestro país necesitamos que las partes se reconozcan, que vean y sientan el sufrimiento de tanta gente, que se traten con respeto, que se consigan mediadores aceptados por ambas partes, que establezcan acuerdos y que alguna instancia haga seguimiento a los compromisos asumidos.  Claro, después de tantos insultos y descalificaciones, confiar no será fácil, aunque no imposible.