Viacrucis en carnavales              

Podría haber titulado estas líneas “Brisas en medio del calor”, o depende del énfasis que le ponga a la mirada. También “Minuta de una reunión de vecinas con final feliz”, en todo caso, el contexto es la comunidad de Brisas del Orinoco. El marco, en el fondo, el río, y en una colina, las “madres promotoras de paz” de ese barrio, con sus datos blandos, que resultan duros.

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Venezolanos entre trencitos y colas

¿Qué niño en este país no ha jugado al trencito con sus padres y hermanitos? Luego, en la escuela, seguro que habrá jugado “la seguidilla” con entrenamiento anterior en trenes humanos. Después, de adolescente y adulto, todo venezolano participará en cantidad de trencitos con música de fondo: “Vamos, negra, para la conga” o cualquier canción de Xuxa, según la edad del participante. No importa si usted no tiene oído musical, incluso si canta tan desafinado como mi amigo el padre Alfredo. Será bienvenido al tren y se divertirá aunque le pisen el pie.

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Enfrentar la situación sin morir en el intento

No es evasión, es realismo con vida. El país está muy mal, la mayoría de los venezolanos y venezolanas –de cualquier edad– la estamos pasando mal. Cada día es como una carrera de obstáculos. Se los digo yo, que lo recorro, desde el Zulia hasta el Alto Apure y el Orinoco, pasando por Caracas y Barquisimeto, porque en todos esos lugares está Fe y Alegría, y ese es mi deber.