
“Soñar no cuesta nada” es un dicho con el cual no estoy de acuerdo. Soñar tiene un gran valor, tanto que cuando usted deja de soñar es porque está medio muerto. Entonces preocúpese, porque tal vez perdió la esperanza y dicen que eso “es lo último que se pierde”, aunque tal vez pueda estar sufriendo de una enfermedad en su etapa terminal.
Los sueños colocan metas, empujan a la acción. Tenemos razones urgentes para soñar porque, entre otras cosas, hay muchos niños, niñas y adolescentes que tienen derecho a llegar a adultos en mejores condiciones que las que tienen hoy. Yo hoy, a pocos días del 6D, les invito a soñar con la AN necesaria para el país. Esta podría ser una “tercera carta a los candidatos” y también “tercera carta a los electores”, puesto que somos nosotros, los electores, los que otorgaremos el 6D poder a los que ganen con los votos.
Primero sueño con una AN compuesta por diputados y diputadas que tengan claro que sesionar no es sinónimo de “clase de gimnasia”, a la cual se va a levantar la mano y bajarla como si fueran ejercicios de calentamiento. O sea, ser diputado es un trabajo serio y por eso sueño también con ciudadanos que se lo estemos recordando. En este primer punto, aunque parezca obvio, sueño con una AN a la cual los diputados y diputadas asistan, si, así de simple, quiero verles las caras siempre. ¿Cómo es eso de que se pasa lista y hay reiteradas inasistencias?
En segundo lugar, sueño con una AN con agenda a corto, mediano y largo plazo conocida por los ciudadanos. Si no se tienen metas, puede que no lleguen a ninguna parte y nuestro país no está para carreras en círculo, como si fuera la Fórmula Uno, además de estar de choque en choque como algunos choferes que conocemos. Me gustaría que cada mes tuviésemos en la página web de la AN “el plan de vuelo”, cuáles leyes introducidas están esperando su turno; a la REDHNNA le gustaría ver que algunos diputados proponen que se revisen decisiones anteriores como, por ejemplo, la reforma penal de la LOPNNA. (Nótese que les estamos ayudando a hacer su trabajo y no cobraremos honorarios profesionales)
En tercer lugar, sueño con una AN cuyos debates se rijan por un reglamento de debates conocido y aceptado por todos; que ese reglamento se respete, como pasa en cualquier reunión seria, que no se insulte ni descalifique a los que pidan la palabra, que se tenga un cartelito, como en los salones de clase de la Primaria, con “las normas del buen hablante y del buen oyente”. ¿Sería mucho pedir? Me ofrezco para regalarles uno.
En cuarto lugar y no menos importante, sueño con unos diputados con orejas de elefante, o sea, con grandes orejas para que cuando salgan por ahí escuchen a los que le dieron el cargo: a los electores, a los ciudadanos y ciudadanas, que escuchen el clamor del pueblo. Nadie quita que la solidaridad latinoamericana sea internacional, pues es importante, pero hay víctimas en nuestro país que nunca han tenido “derecho de palabra” en la AN. ¿Alguna vez se presentado el tema de los niños y niñas que no llegan a la mayoría de edad porque las balas se los impide? ¿Escuchan los diputados el llanto de los pequeños? Ojalá también tengan ojos cuello de jirafa –como sugirió recientemente en una reunión el padre Nicolás s.j.- para que puedan ver más allá de sus propios intereses.
En quinto lugar, sueño con una AN en donde los diputados y diputadas sepan sumar y restar, que hayan tenido una buena Primaria pues, y sepan sacar cuentas antes de aprobar, por ejemplo, más compras de aviones de guerra, antes de aprobar presupuestos sin saber de dónde saldrán los recursos. No pido doctores en matemáticas, pero si diputados con buenas primarias.
Sueño que los niños y niñas en vez de jugar a pranes, digan que quieren jugar a ser diputados porque el ejemplo de trabajo, decencia y relaciones interpersonales son más atractivos que los jefes de las cárceles. Prometo que no los vamos a dejar solos, vamos a pedir cuentas de estos sueños.