El título no es un invento, fue lo que dijo la señora Ana María, de Barquisimeto, su hijo debe tomar todos los días 1.200 mg de carbamazepina- el principio activo de lo que se conoce como Tegretol -, es un anticonvulsivo, medicamento que cada día se hace más difícil conseguir. Hay que ponerse en el puesto de toda esa familia. Van de una farmacia a otra, si la encuentra, sólo podrá comprar 2 cajitas, ¡dos cajitas! El papá de Valentina -San Félix- se pone agresivo si no toma sus 400 mg diarios de la misma medicina, bastan 3 días para que se note que anda mal. No puede controlarse.
Ya se sabe que son muchos las medicinas que están escaseando en Venezuela, pero hemos querido poner la lupa en estas que toman pacientes con problemas neurológicos porque inciden en la posibilidad de la convivencia pacífica. No hablamos sólo de los que convulsionan, hablo de aquellos que sufren de irritación de la corteza cerebral, y que requieren de esos fármacos para estar estables. Supimos de este problema cuando trabajamos con niños de la calle, hace unos 18 años en Maracaibo. Había muchachos que pasaban de un estado de ánimo a otro sin motivo aparente. Cuando se les hicieron los exámenes correspondientes, algunos reportaron esa enfermedad y los médicos consultados dijeron que requerían medicarse, no bastaba con que desearan estar tranquilos, si no toman su medicina se alteran de una manera exagerada; dicho de manera simple: pierden capacidad de razonamiento, es difícil y hasta peligroso convivir con ellos. Estos cuadros, que se dicen rápido, se pueden convertir en verdaderas tragedias, para la persona, para su familia y hasta para la sociedad. Si sostienen el tratamiento pueden llevar una vida normal.
En las últimas semanas la escasez de muchas medicinas, no sólo la que hemos mencionado, se ha agravado, por eso la cantidad de pronunciamientos sobre el tema, entre ellos la Academia Nacional de Medicina, igualmente organizaciones de pacientes con ciertas enfermedades, y basta que se encuentren varias personas para que alguien comente algún caso de esos que dan deseos de llorar y lo llenan de rabia sana.
En este país, donde hay mucha gente solidaria, hay familias que se apoyan: difunden información por las redes sociales, no pierden oportunidad para preguntar en todas las farmacias por donde pasan y mandan avisos… ¡Gente buena hay en todas partes!, eso decía Mandela. Pero, aunque ustedes no lo crean, hasta la solidaridad está resultando difícil ejercerla en Venezuela, pues usted no puede mandar una cajita de medicina como encomienda porque el gobierno asume que es para revenderla, ¿quién se va a enriquecer revendiendo 20 pastillas de carbamazepina? Sin embargo, la gente se las arregla, todos nos hemos vuelto “mensajeros”, y en nuestro equipaje siempre habrá espacio para un medicamento.
Lo anterior no significa que no se requieran acciones de más peso, el gobierno tiene que garantizar que los enfermos puedan hacerse su tratamiento. El hijo de Ana María no puede depender de una lotería para no convulsionar.Valentina quiere ver a su papá tranquilo. La alarma roja está prendida hace rato. Hay que enseriarse con las soluciones.
Luisa Pernalete