graciliano color)La noticia nos sorprendió y llenó de nostalgia:  hoy, miércoles 25 de junio, cuando apenas amanecía en Maracaibo, cerró sus ojos un hombre sencillo y amoroso, que ayudó a construir el sueño del padre José María Vélaz en el estado Zulia.  ¿Su nombre?  Simplemente Graciliano Pereira, un ser humilde, amoroso y trabajador.

Graciliano nació un día de febrero de 1938 en Tovar, estado Mérida y, luego de abrirse camino para convertirse en hombre, llegó a Maracaibo para sembrarse tras regalarle a Fe y Alegría 60 años de vida, trabajo, risas y constancia.  Miles de niños y niñas escucharon su voz cargada de recuerdos, respetando su andar pausado y silencioso.  ¿Cuántas veces en 60 años se puede repetir el mismo nombre vinculándolo con la historia de la primera escuela de Fe y Alegría en el estado Zulia? ¡Millones de veces!

Hoy, ese gran maestro ya no está, pero queda el trabajo de sus manos en las paredes de las escuelas de “El Manzanillo”, “Nueva Venezuela”, “Nueva América”, “San Ignacio” y “La Chinita”.

El maestro Graciliano se sentía muy orgulloso de lo que consideraba la mayor obra de su vida: con esa ternura que nace en el alma solía narrar cómo vio crecer a Fe y Alegría, compartiendo sus esperanzas, ayudándola a enfrentar los obstáculos.

Una mano siempre abierta, una persona dispuesta a escuchar  y dar un consejo a quien lo solicitara, regalando abrazos, sembrando ilusiones ante los tropiezos que los maestros tenemos en el trabajo diario.  Graciliano Pereira fue mucho más que esto.

Hace poco leí que aquellas personas que construían puentes tenían la hermosa suerte de cruzarlos todas las veces que quisieran porque sentían latir sus bases, ya que habían dejado en ellas parte de su corazón.  Los puentes se levantan orgullosos sobre los abismos y los valles uniendo a las personas.  El maestro Graciliano fue un gran edificador de puentes y prueba de ello son esos hombres y mujeres que lo recordarán siempre.  Una vez dijo: “Es necesario valorar el trabajo de todos por igual;  que no olviden a los más necesitados y que se atrevan a seguir creciendo”.  Se fue un verdadero maestro de la vida.

 

Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)

@pesclarin        www.antonioperezesclarin.com


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