En la noche del 19 de abril, día en que celebramos un aniversario más de los hechos que iniciaron el proceso de nuestra independencia, recibimos la muy grata noticia de que los líderes de la oposición, fueron capaces de superar prejuicios, enfrentamientos y ambiciones, y eligieron por unanimidad a Edmundo González Urrutia, como candidato opositor para las elecciones presidenciales de Julio. Este hecho supone un renacer fuerte de la esperanza y señala sin duda el inicio de la nueva independencia de Venezuela.

Merecen especial reconocimiento, entre otros, María Corina Machado, la líder indiscutible de la oposición y la principal electora, Corina Yoris y Manuel Rosales que fueron capaces de sacrificar sus aspiraciones por el bien de Venezuela.

Esperemos que sean capaces de mantener este espíritu unitario y que los descalificadores de oficio, tan propensos siempre a señalar los fallos de los demás y a dar como hechos lo que son tan sólo suposiciones, dejen de dividir, de señalar fallos y defectos e insistan en la necesidad de la unión.

Sería imperdonable que perdiéramos esta oportunidad de cambiar de gobierno e iniciar la reconstrucción de Venezuela por medios pacíficos y electorales. Por ello, son tiempos para robustecer la esperanza comprometida, superar los nuevos obstáculos que nos pondrán, y dejar atrás los muchos motivos que alimentaban nuestra desesperanza: entre ellos, la incompetencia de un gobierno que ha destruido al país, su aparato productivo y las empresas del Estado empezando por PDVSA que, siendo una de las empresas más exitosas del mundo, hoy no es capaz de abastecer el reducido mercado interno de gasolina. Empresa además saqueada por una serie de corruptos, cuya ambición les llevó a engordar groseramente sus bolsillos sin importarles la miseria, éxodo y muerte que causaban. No comprendo cómo el ser humano puede llegar a esos niveles de degradación y deshumanización y a revolcarse en la podredumbre. Sus lujos, placeres y bebidas exquisitas, tienen el sabor amargo de la sangre derramada. Las joyas que regalan a sus amantes y prostitutas son collares de inmundicia. ¿Es que acaso nunca escucharon la voz de sus conciencias ni les importó el dolor que ocasionaban sus traiciones y robos?

Alimentaba también la desesperanza el ver cómo el Gobierno pulverizó la moneda, los salarios y ahorros; y acabó con los tres puntales del progreso: la salud, la educación y el trabajo. Gobierno que expulsó del país a más de siete millones de personas que lo abandonaron para intentar sobrevivir en otros lugares que les permitieran vivir dignamente de su trabajo, Gobierno que se ha aliado a los más autoritarios del mundo y cuyo único objetivo es mantenerse en el poder sin importarle el sufrimiento de las mayorías ni manipular a su antojo la Constitución, que la convirtieron en papel mojado

Pero todo eso debe quedar definitivamente atrás y la esperanza renacida tiene que alimentar nuestro compromiso y amor por Venezuela. Amor que, en medio de tantas dificultades, han demostrado y siguen demostrando numerosos maestros y maestras, sanitarios y trabajadores que no se han rendido ni se rinden y siguen dando lo mejor de sí mismos a pesar de sus sueldos miserables. Amor expresado en la solidaridad de tantas personas que comparten su pobreza y son capaces de quitarse la comida de la boca para darla a los demás. Otros muchos han alimentado y alimentan su esperanza en la fe en un Dios maternal que comprende nuestros sufrimientos porque pasó por ellos, y nos acompaña en el empeño de transformar a Venezuela en un país próspero, reconciliado y fraternal. En Venezuela son muchos más los solidarios, generosos y serviciales que los egoístas, violentos y corruptos. Por ello, ¡arriba los corazones! ¡Después de una larga noche de tinieblas, comienza a amanecer en Venezuela!

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