Sumario. Hoy se celebra el 1 de mayo, Día del Trabajador, en recuerdo de esas luchas de los trabajadores que han significado mejoras, dignificación. Pero, en el caso de Venezuela, cada vez son peores esas condiciones. Trabajar mucho no significa ganar mucho más y es necesario luchar por salarios justos, acordes a la CRBV;  no podemos acostumbrarnos a una esclavitud moderna. También hay que reconocer a los que perseveran. Hay que insistir en visiones más globales de los problemas. Hay que innovar en la manera de luchar.

“¿Compro medicinas o hago mercado? ¿Hago medio mercado o busco un camión cisterna para tener agua? ¿Me tengo que buscar otro trabajo, además del que ya tengo, para que me alcance para un mercado decente?”  Preguntas como estas o parecidas, son cada vez más frecuentes para los venezolanos asalariados y no hablamos sólo de los trabajadores en fábricas, sino igualmente de otros profesionales como docentes, médicos y enfermeras que trabajan en el sector público.

El 1 de mayo se celebra el Día del Trabajador, en recuerdo a la terrible represión que sufrieron obreros de una fábrica en Chicago en 1886, en cuyas protestas pedían mejoras en su trabajo, entre ellas la reducción de la jornada laboral  que, en ese entonces, podía  llegar hasta 18 horas.

Se supone que las luchas de los trabajadores son para mejorar sus condiciones laborales, su ambiente de trabajo, sus ingresos, su vida, que merece ser digna pues, pero no ha sido el caso de los venezolanos, por lo menos de la inmensa mayoría, que llevamos años “buscando un medio para completar el real”, como se decía antes en Maracaibo. No es sólo el salario mínimo, cada vez más mínimo y uno de los más bajos de América Latina. A veces se trata de decidir entre quedarse en el país sobreviviendo o migrar de manera forzada buscando nuevos horizontes, como lo han hecho cerca de 7 millones de venezolanos, ¡y de todos los estratos sociales! En la actualidad hay profesionales con dos y hasta tres trabajos para completar la canasta básica; se trata también del adelanto de las edades para trabajar, como está pasando con miles de adolescentes que dejan sus estudios buscando trabajo y así ayudar a sus familias.  En esta reflexión no incluyo a los que funcionarios que “matraquean” para aumentar sus bajos ingresos.

Según nuestra Constitución, en su artículo 91, “Todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para él y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”. Más adelante, el mismo artículo indica que el Estado garantizará tanto para los trabajadores del sector público como privado un salario mínimo vital que será ajustado cada año, tomando como una de las referencias, el costo de la canasta básica.

¿Creen ustedes que los salarios actuales de los trabajadores y trabajadoras de Venezuela les permiten satisfacer dichas necesidades? ¿Y qué me dicen del ajuste anual del salario mínimo teniendo, como una de las referencias, el costo de la canasta básica?

Pues lo que tenemos, en medio de esta Emergencia Humanitaria Compleja, es una especie de “esclavitud del siglo XXI”, según la cual, los ciudadanos mal viven, sobreviven, comiendo mal, sin atender necesidades de salud,  resolviendo en el día el cómo comer, cómo mandar los hijos a la escuela.

Es importante mencionar que existen trabajadores/profesionales, tales como los educadores y el personal de los hospitales, que son verdaderos héroes: no abandonan ni sus aulas ni sus centros asistenciales por vocación, aunque esto vaya en detrimento de su salud física y mental.

Cabe señalar que hay empresarios con sentido de justicia, con sensibilidad social, que remuneran mejor a sus empleados. Igual que existen gremios, organizaciones de trabajadores, que no renuncian a protestar por mejoras, por lograr la justicia laboral.

No podemos acostumbrarnos a la esclavitud del siglo XXI. Hay que organizarse, ver los problemas de manera global, tener buenos servicios públicos, por ejemplo, como parte de esa vida digna establecida en la Constitución. Niños, niñas y adolescentes que se queden en sus aulas; nada de trabajar antes de tiempo.

Salarios justos, suficientes, reactivación del aparato económico, rendición de cuentas y ponerse de acuerdo para resolver los grandes problemas del país son aspectos que los ciudadanos debemos pedir a las autoridades y a los políticos en general.

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