Sumario. Cuando se va la electricidad en la noche, lo cual ocurre en muchas ciudades del país, uno agradece tener a mano una velita que, si bien no sirve para cargar el teléfono, ayuda a que no te caigas en los siguientes pasos. Eso es lo que llamo “las velitas en medio del apagón” y son todas esas acciones, normalmente calladas, generosas, perseverantes, de mucha gente en Venezuela, que animan a uno y que contagian, como la que cuento en esta columna de la profesora Elizabeth.

Se fue la luz otra vez en la noche. Afortunadamente tengo una vela que me permite ver por donde camino”. ¿No suena conocida esta expresión?

No sé si donde usted vive se va la electricidad, pero lo que uno ve en las redes sociales, tanto ella como el agua son servicios que están fallando en todo el país, pues hasta en la gran Caracas se ha estado sufriendo interrupciones de alguno de estos servicios. Y, ¿no es verdad que uno agradece tener una velita en medio de esos apagones? Pues la misma sensación de agradecimiento, muchas veces de admiración y de ánimo siento yo cuando conozco historias como la que les voy a compartir.

Elizabeth es ingeniero electricista, con un postgrado en Administración de empresas. Trabajó un buen tiempo como profesora universitaria y laboró en algunas empresas. Ya jubilada, en el estado Falcón, se ha estado vinculando a organizaciones civiles que ayudan a otros. Mujer inspirada por la fe, tiene vínculos con organizaciones religiosas. Mitigar el hambre, acompañar niños y niñas, el club de abuelos, personas de tercera edad que están solos en sus casas, forman parte de su quehacer de cada semana.

La Curia comenzó antes de la pandemia, a ofrecer ollas solidarias, en una zona céntrica de Punto Fijo, con la ayuda de empresas. Se suspendió el programa por la pandemia, pero hace un año se reinició, con muchas restricciones. Un buen grupo de mujeres se han organizado, conseguido algunos recursos, incluso de particulares, y tres veces a la semana, en una plaza, dan de comer a niños y niñas. Llegan a unos 25 niños.  Pero no se contentan con dar de comer a los hambrientos, también se atiende a los pequeños con educación en valores”.

En esa dimensión trabaja Elizabeth un día a la semana. “¡Usted viera como se alegran cuando me ven! Me abrazan, sonríen. Me conmueven”. Me contó que el otro día trabajó, con dinámicas y juegos, reflexionando sobre .la importancia de apoyar a las personas con alguna condición, por ejemplo, ayudar a pasar la calle a invidentes, ayudar a personas en silla de ruedas… Jugaron y luego reflexionaron. Hacen teatro, juego de roles. Me dijo, bastante preocupada, que aunque están estudiando, hay niños que no saben ni escribir sus nombres y quiere ver si hace algo para ayudarles.  Igualmente me comentó que, a veces, se presenta el obispo, Mons. Luis Enrique, el cual les ha dicho que le pueden decir “Quike” y conversa con los niños. Todo suma, todo ayuda.

¡Fue lindo todo lo que me contó! De paso me invitó a buscar en YouTube a Sociedad Civil Paraguaná, Falcón en positivo. Y lo hice. Comparte acciones muy bonitas.

“Velitas”, como esa de la profe. Elizabeth, educando en valores en una plaza, con niños, quienes reciben comida hecha por manos solidarias, animan a uno. Hay muchas cosas que observar, siempre se debe mirar con los dos ojos: el que ve los dramas y tragedias, y el que ve las velitas generosas.

Se me ocurren muchas más velitas como el señor Carlos, en Barquisimeto, que vive cerca de un parque y cuida una parte del mismo, siembra plantas, las abona,.. Lo mantiene pues, para beneficio del ambiente y de los que caminamos ahí.  Nadie le paga, nadie lo manda. Otra velita es la maestra Belkis, vía El Pao en Guayana;  los sábados siempre va al Club de abuelos, les acompaña, está pendiente de cada uno de ellos.  Otra lucecita es  la maestra Belkis, que vive en Nueva Esparta;  los sábados se junta con otras maestras tienen un espacio de educación en valores en una emisora comunitaria. ¡Nadie les obliga! ¡Es su día de descanso!

Piense usted en cuantas “velitas en medio del apagón” conoce.  Reconozca y difunda  esa luz.  Eso no arreglará la electricidad que nos hace falta, sin embargo, nos da energía para seguir creyendo que hay más gente buena que mala.

Redes sociales: @luisaconpaz

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