
Frente a la colonización de las mentes y la pretensión en Venezuela de imponer la dictadura de un único pensamiento, es decir, de asesinar moralmente a la divergencia tachando de apátrida o traidor a todo el que se atreva a disentir de las políticas oficiales, la educación debe orientarse a cultivar la libertad y a formar personas reflexivas y críticas, capaces de pensar con su cabeza y no meramente repetir lo que le dicen u ordenan otros; de argumentar y defender con valor sus puntos de vista sin ofender al que piensa diferente; de pensar la educación y pensar el país y el mundo, para poder contribuir a transformarlos. Educación que promueva el análisis crítico de la realidad local y nacional y de la problemática mundial, que capacite para reconstruir la cultura e inventar un país y un mundo nuevos en el que prevalezcan las relaciones fraternales y la paz se asiente sobre la justicia y la equidad. En palabras de Paulo Freire, necesitamos de un “radicalismo crítico que combata los sectarismos siempre castradores…, sean de derecha o de izquierda –iguales en su capacidad de odiar lo diferente- intolerantes, propietarios de una verdad de la que no se puede dudar siquiera ligeramente, cuanto más negar…¿Qué extraña manera es esa de hacer historia, de enseñar democracia, golpeando a los que son diferentes para continuar gozando, en nombre de la democracia, de la libertad de golpear” (Política y Educación, pág. 38; Pedagogía de la Esperanza, pág. 48 y 167). (más…)