Rabia sana

LP2Conozco a Miranda, tiene dos años. El parto fue difícil y por ello la pequeña debe tomar un medicamento para evitar convulsiones, sus padres no descansan en la tarea de conseguir ese frasquito. Cuando pienso en Miranda y en la angustia de sus padres y de toda su familia, me da rabia. Rabia sana. (más…)

Los huérfanos de esta guerra

LP21Lucila -nombre ficticio, historia real- no tiene más de 25 años. Es representante de 3 niños de una escuela de Fe y Alegría en el oriente del país. “Es muy joven”, me comentó la maestra. “Ella es la hermana mayor. A la madre la mató el esposo celoso hace dos años. Está en la cárcel y ella se hizo cargo de las pequeñas”. No es el único caso de orfandad a causa de la violencia, ya sea de género o de parte del hampa descontrolada que afecta, especialmente, a las comunidades populares. Todavía tengo en mi mente a los 7 niños que quedaron sin padre entre enero y febrero de este año en centros educativos de Fe y Alegría del Municipio Libertador. (más…)

Qué el diccionario detenga las balas

David no había estudiado nunca. Era lo que se conoce como “un niño de la calle”; yo le daba clases por las noches y un día vio ese libro gordo sobre mi mesa.

– ¿Qué es eso? –preguntó.

– Un diccionario, un libro que tiene todas las palabras -le contesté.

Inmediatamente, sorprendido, me dijo que él quería uno. David, que hasta entonces resolvía los problemas a golpes, después de un proceso de recuperación de sí mismo, aprendió que hablando se entiende la gente. Aprendió a pedir perdón, decir “por favor”, dar las gracias. Murió de un infarto y no de una manera violenta, como había sido su adolescencia. Hasta aconsejaba a los amigos que conversaran y no pelearan. Él aprendió a utilizar el diccionario. (más…)

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Creí que Dios no existía

LP21“Apenas a los 15 años, ya había perdido dos hermanos por balas. Me daba mucha rabia. Llegué e pensar que Dios no existía.” Así empezó su conversación. No recuerdo su nombre. ¿Gabriel?, ¿Joneiker? Lo olvidé, pero recuerdo su rostro y su historia. Tiene 16 años, estudia en un liceo público, vive en una comunidad popular de San Félix, con fama bien ganada de ser muy violenta. Desde el año pasado es del grupo de jóvenes recreadores formados por las Madres Promotoras de Paz de su barrio. “Si, mucha rabia – repite -, ¿por qué matar a mi hermano? Para robarlo. El no hacía nada malo. Entonces la señora Del Valle me invitó al plan vacacional y entré, entonces me di cuenta que la muerte no era cosa de Dios, y que yo podía yo hacer algo para que otros jóvenes vivieran. .Ahora soy de los recreadores y ayudo”. Me siguió contando, mientras observaba la alegría en su rostro. Sigue viviendo en su barrio, sus hermanos no volverán, pero para mí él es expresión del Cristo Resucitado. (más…)

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