David no había estudiado nunca. Era lo que se conoce como “un niño de la calle”; yo le daba clases por las noches y un día vio ese libro gordo sobre mi mesa.
– ¿Qué es eso? –preguntó.
– Un diccionario, un libro que tiene todas las palabras -le contesté.
Inmediatamente, sorprendido, me dijo que él quería uno. David, que hasta entonces resolvía los problemas a golpes, después de un proceso de recuperación de sí mismo, aprendió que hablando se entiende la gente. Aprendió a pedir perdón, decir “por favor”, dar las gracias. Murió de un infarto y no de una manera violenta, como había sido su adolescencia. Hasta aconsejaba a los amigos que conversaran y no pelearan. Él aprendió a utilizar el diccionario. (más…)