
Padrenuestro, que estás en la escuela
en el patio, entre chamas y chamos
que tu Reino sea santificado
y que de los juegos surjan los hermanos.
Padrenuestro que sabes de sumas
ven, corrige tareas también
que tu Reino está en las cosas grandes
y en esas pequeñas que poco se ven.
Padrenuestro, pido por los padres.
Ellos necesitan de trabajo y pan
que maestras y madres se vuelvan “comadres”.
Así si podremos conseguir la paz.
Padrenuestro, que los chamos vengan.
Aquí les estamos esperando
felices de verlos de nuevo.
Al llegar son recibidos y abrazados.
Padrenuestro, te pido perdón
por las clases que doy sin sentido
por hablar siempre más de la cuenta
por los días que no me he reído.
Padrenuestro, Padre del perdón,
que yo sepa entender travesuras
que yo tenga calma ante cualquier lío
y hasta en los regaños ponga yo ternura.
Padrenuestro que nunca caigamos
en la tentación de dejar de inventar
que el cansancio, el ruido y la rutina
no sean una excusa para no soñar.
Padrenuestro que cuando yo muera
nadie diga que fui una “abnegada”
que se diga que fui una maestra
feliz de enseñar y muy realizada.
Luisa Pernalete, maestra



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