Cuando escribimos estas líneas, se cumple un mes de esa sacudida generalizada por causa de los terremotos del pasado 24 de junio. El miedo, la incertidumbre, la angustia y el dolor siguen presentes, no únicamente en los estados afectados: todos los venezolanos, por una razón u otra, seguimos con esos sentimientos mencionados.
Hay datos más detallados, como los que en estos días compartió el padre José Gregorio Terán, S.J., director nacional de Fe y Alegría Venezuela. Comparto algunos de ellos: Fe y Alegría mantiene cuatro grandes responsabilidades: primero, atender la emergencia y dar continuidad a la comunicación, la educación y la esperanza para seguir llegando a miles de venezolanos; las prioridades, atender a las personas tanto material como espiritualmente; en segundo lugar, atender la infraestructura (evaluarla y ver lo que debe hacerse para que sea segura); en tercer lugar, dar apoyo al personal afectado y a sus familiares, y en cuarto lugar, mantener la comunicación, a través de nuestras emisoras y programas.
Siguiendo con lo compartido por el padre Terán, hasta el día 17 de julio, se habían atendido a 250 familias; 25 centros fueron dañados por los terremotos (deben ser reparados); 105 viviendas de nuestros trabajadores sufrieron daños; fallecieron 30 personas de nuestra gran familia (29 alumnos y un docente) y, como bien resaltó el padre Terán, detrás de cada cifra hay un rostro que nos necesita.
Es necesario mantener las acciones de solidaridad, no solo con esos cercanos -en nuestro caso, la gran familia de Fe y Alegría-, sino con todos. Unos necesitarán más que otros: acompañar, escuchar, seguir llevando aportes a los centros de acopio (recordamos que las parroquias católicas, todas relacionadas con Cáritas, siguen recibiendo esos aportes: utensilios para la higiene personal, alimentos enlatados, ropa en buen estado, medicinas…). Y no olvidemos reunirnos en oración, en línea o presencial. Para el día que escribimos estas líneas, la Conferencia Episcopal ha invitado a celebrar misas por todos esos hermanos que murieron y por los que han quedado damnificados, sin hogar de manera permanente o temporal mientras se revisan los daños.
El papa León XIV, en su profunda y hermosa carta encíclica “Magnifica Humanitas”, recientemente publicada y, citando al papa Francisco, en frases tomadas de la “Fratelli tutti”, habla del principio de la solidaridad: La fraternidad no es solamente una aspiración interior del que cree, sino una forma social y política que se ha de encarnar en decisiones e itinerarios compartidos. La solidaridad, pues, es el reconocimiento concreto de que el destino de cada uno está ligado al destino de todos; realmente nadie se salva solo” (# 73). Más adelante, León XIV nos dice que necesitamos que la solidaridad sea un acto consciente, para que sea plena: No somos simplemente vecinos unos de otros, sino que estamos confiados los unos a los otros, para que cada uno se haga cargo, en la medida de lo posible, de la vida y de las heridas del hermano. La solidaridad nace precisamente cuando decidimos no permanecer indiferentes frente a aquello que le sucede a nuestro prójimo y transformamos vínculos inevitables –económicos, culturales y tecnológicos– en itinerarios de intercambio, de cooperación, de cuidado mutuo, aprendiendo a pensar y actuar en términos de comunidad” (# 74).
Hemos visto acciones solidarias realmente creativas, como las realizadas por el Día del Niño, por ejemplo. Esto habla bien de los venezolanos.
La solidaridad con nuestros hermanos afectados por los terremotos seguirá siendo muy necesaria e importante; además de acompañar, escuchar, integrar esfuerzos, organizarnos, difundir datos y acciones solidarias que animen, contagien, sin descuidar nuestra salud mental.
Aún no hemos sabido de traslados de damnificados a los estados no afectados por los sismos del 24, pero tendrán que hacerlo. Debemos estar atentos si llegan a nuestras comunidades y ver cómo ayudamos.
Viene agosto, tiempo de vacaciones escolares. La solidaridad no puede tener vacaciones. Cuando uno se solidariza con un hermano, estamos diciendo que el otro existe y es importante.



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