“Por más que se lo destruya, el poder del amor como servicio siempre resucita”. Papa Francisco
La Semana Santa no termina el Viernes Santo con la muerte de Jesús, sino el domingo de resurrección, con la Pascua de resurrección. Jesús nos quiere resucitados, vivos, activos. Claro, en un mundo lleno de conflictos bélicos abiertos, con mucha desigualdad social, con tanta gente pasando hambre, con muchos “descartados”… y, para decirlo con palabras del papa Francisco, es difícil vivir como resucitados.
Recordemos también que hay personas que “mueren lentamente”, como lo leemos en ese poema que ahora resulta no fue escrito por Pablo Neruda, sino por la brasileña Martha Madeira (por mucho tiempo, hasta yo confieso, se lo atribuía al gran chileno). Pero en todo caso, lo citamos porque nos parece muy cierto lo que dice de “morir lentamente”.
“Se muere lentamente quien se transforme en esclavo de sus hábitos, repitiendo todos los días los mismos trayectos (…) y no le habla al que no conoce”. También se “muere lentamente” quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo, “quien pasa la vida quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante”. Y prosigue —Neruda o Madeira—: “Evitemos la muerte en suaves cuotas / recordando siempre que estar vivo / exige un esfuerzo mayor que el simple hecho de respirar //”. Nosotros añadimos que se muere lentamente cuando nos sentamos a esperar que otro resuelva, cuando no nos atrevemos a dar ayuda ni a pedirla…
¿Y cómo se permanece resucitador? Pues viviendo activamente, como Jesús, haciendo el bien de múltiples maneras.
“No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”, decía el papa Francisco.
Se vive como resucitado cuando estamos atentos a extender una mano a los demás, cuando escuchamos “con los ojos” a la familia, a los compañeros de trabajo, a los vecinos. O sea, soltando el celular, dando calidad de tiempo a los que nos rodean.
Se vive como resucitado cuando somos capaces de sumarnos a iniciativas, grandes o pequeñas, de construcción del “bien común”. Se vive como resucitado cuando cuidamos la Casa Común, practicando las 3 erres: reutilizar, reciclar, reducir el consumo innecesario. Si somos educadores, añadamos hacer de la Educación Ambiental un eje transversal en nuestra escuela. Si plantamos un árbol donde alguien taló, eso igualmente ayuda.
Se vive como resucitado cuando saludamos a los que conocemos y a los extraños con una sonrisa. Saludar es una manera de decir “me importas” y, si lo hacemos con una sonrisa, podemos contagiar la amabilidad.
Se vive como resucitado cuando rezamos por la paz, por esos conocidos que están enfermos y mejor si se lo hacemos saber; ¡eso refuerza su ánimo!
Se vive como resucitado cuando usted tiene sus sentidos despiertos y nota el rostro de hambre de niños, jóvenes y ancianos en la calle, en esos que se ofrecen a limpiar vidrios de los carros a cambio de un “dinerito”, de un pan, de unas galletas.
Se vive como resucitado cuando no nos aislamos, sino que mantenemos relaciones con vecinos, compañeros de trabajo. De paso, eso ayuda a nuestra salud mental, tan afectada en nuestro país.
Se vive como resucitado cuando usted dona lápices o cuadernos a niños de escuelas de zonas populares, porque muchas veces o comen o compran útiles. Recuerde que sin educación no hay presente ni futuro para ellos.
Hasta por “egoísmo legítimo”, como decía Tony de Mello, SJ, hay que practicar la bondad. Hacer cosas buenas por otros es un negocio redondo: es bueno tanto para el que recibe como para quien da.
Se vive como resucitado cuando difundimos buenas noticias, como lo hicieron aquellas mujeres que creyeron en la resurrección de Jesús y se lo contaron a otros. En esta misma línea, se vive como resucitado cuando somos capaces de reconocer valores en quienes nos rodean y se lo decimos, elevando la autoestima y reforzando esas buenas acciones.
Se vive como resucitado cuando nos atrevemos a luchar por la dignidad de las personas, tan vulneradas y de muchas maneras. “Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino que reconocer al otro y buscar su bien”, dijo el papa Francisco.
De nosotros está “morir lentamente” o vivir como resucitados.