Podría haber titulado estas líneas “Brisas en medio del calor”, o depende del énfasis que le ponga a la mirada. También “Minuta de una reunión de vecinas con final feliz”, en todo caso, el contexto es la comunidad de Brisas del Orinoco. El marco, en el fondo, el río, y en una colina, las “madres promotoras de paz” de ese barrio, con sus datos blandos, que resultan duros.
Febrero suele asociarse al carnaval, más en el Estado Bolívar, con sus famosas fiestas de El Callao, tambores de calipso y madamas. Pero este año nadie habla de máscaras, disfraces y baile. “En Guayana la estamos pasando mal, muy mal”, dijo una señora como para abrir la reunión. Y otra rápidamente añadió que no era Guayana sino todo el país. Y cada quien empezó con su estación del Viacrucis. “El dinero no alcanza, aunque trabajemos los dos”, dijo una. “Ni siquiera toallas sanitarias”, dijo otra que tiene una hija adolescente. Yo pensaba qué hará en esos días del mes, ¿faltará al liceo? Da pena hablar de estos temas: papel y toallas sanitarias como puntos de reunión. No mencionemos el tema que ya para mí es una obsesión. Una de ellas trabaja como obrera en la escuela de Fe y Alegría de la comunidad, pero es mucho más que obrera, es una madre que observa: ¡los niños no están tomando leche! “¿De dónde? Si se consigue es con sobreprecio, hasta 400 piden por una regulada, y la que se usa para los bebés hasta 500”.
Así va la reunión de estación en estación. Interesante el punto del MERCAL: “Está mejor ahora”, dijo una, y todas las demás reaccionaron: “¿Mejor?”. Ahora se atiende por número de cédula, entonces cada día la cola es menor que antes, pero resulta que los lunes siempre está cerrado porque no han llegado los productos, lo que traen alcanza para el martes y a veces para el miércoles, de manera que jueves y viernes, nada. Resumen: compran los que tienen cédula que corresponda ir esos dos días: martes y miércoles.
En la “estación” escuela salió lo que sigue: Fe y Alegría no ha podido ampliar el local, pues la CVG no entrega el papel firmado con la autorización. Esa historia lleva ya 4 años. En consecuencia, sólo tiene una sección por grado, ni siquiera ha podido hacer el parque para los más pequeños, ni cancha,ni las aulas adecuadas para educación inicial. De paso, el terreno que está detrás de la escuela bolivariana en otro sector destinado al bachillerato, lo invadieron y nada que las autoridades lo desalojan. Total: sólo se llega a sexto grado en esa comunidad. Ni un solo liceo.
Y así va el Viacrucis, pero ya se sabe, la Semana Santa no termina con la muerte de Jesús sino con la resurrección. Así que el último punto de la reunión da un giro a la conversación: un particular ha decidido donar los aparatos para iniciar el proyecto del parque. Ante la información, cambian los rostros. Comienzan a soñar cómo podía ser ese parque en ese pequeño terreno que han cuidado desde que se mudaron. “No hay más lugar para que se reúnan los niños. Aquí vienen por las tardes y los sábados con sus madres. Juegan debajo de esos tres grandes árboles.Las vecinas cuidamos que no vengan a molestarlos”. Saben que sólo con esa donación no harán todo el parque, pero inmediatamente se organizan: quién va a la alcaldía para nivelen el terreno, quién convoca a reunión en la escuela más cercana para que también entren en el proyecto, quién va a prensa para que se sepa que están en eso, quién explica a los sindicatos de la construcción que no hay dinero, que el donante sólo da los aparatos… En fin: los hijos mueven a esas madres, la esperanza surge en medio de tanta cruz. No sé cuál polivitamínico toman, pero habría que preguntarles para imitarles. La reunión termina con abrazos de gloria. ¡Habrá parque! La brisa va ahora de la comunidad al río.
Luisa Pernalete


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