El año pasado supe del caso de la señora Lucy, una mujer de unos 70 años, que cruzando una calle cerca de su casa fue atropellada por un motorizado. Rápidamente fue auxiliada por vecinos, quienes la llevaron al hospital de la ciudad, donde la operaron debido a la fractura de una pierna; permaneció en cama por dos meses, se complicó y finalmente murió. Si bien no murió en el instante del accidente, fue lesionada en la calle.
En Venezuela las calles se han ido convirtiendo en una jungla, donde impera la ley de la selva, o sea, ganan los más fuertes en detrimento de los más débiles: niños, ancianos, personas con alguna discapacidad, los más lentos…
Necesitamos ciudadanía en la calle, es decir, personas que conozcan sus deberes y los cumplan, mientras defienden sus derechos y estos les sean respetados.
Deténganse un momento en estas cifras recogidas por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) y publicadas por La Prensa de Lara, en su edición de este viernes 16 de enero (pág. 5), en una nota de Eusiglimar González. “Siniestros vales dejan más de 1.500 muertos en un año”, ese era el título del artículo. El año pasado, según esa fuente citada por La Prensa de Lara, se registraron 3.704 accidentes que cobraron la vida de 1.546 personas y ocasionaron 5.153 lesionados. Todas esas muertes y esos heridos se pudieron haber evitado.
La nota periodística también señala que las causas principales de los accidentes tienen que ver con la ingesta de alcohol, el exceso de velocidad y también las fallas mecánicas.
Hablar de accidentes en las vías nos obliga a mirar el caso de los motorizados: murieron 756 conductores de motos y 157 parrilleros.
Sin embargo, no quiero que viéramos solo el tema de los accidentes con víctimas. Pensemos simplemente qué observaríamos si nos detenemos unos 5 minutos en alguna calle de cualquier avenida de una ciudad del país. ¿Cuántos irrespetan las luces de los semáforos? ¿Cuántos peatones pasan la calle por donde deben hacerlo (por el paso de peatones)?, ¿cuántos semáforos están funcionando mal? ¿Cuántos vehículos mal estacionados, muy cerca de las esquinas, impidiendo la visibilidad a los choferes de los vehículos?… ¿Y qué tal tantos motorizados como choferes de carros mirando el celular cuando van manejando? Un accidente puede ocurrir en un par de segundos. Observemos a las personas que transitan en sus vehículos sin ponerse el cinturón de seguridad, atentando contra sí mismas en caso de que haya un frenazo de golpe, o alguien les choque por detrás; igualmente veremos motorizados sin casco e, incluso, llevando niños en la parrilla sin emplear ese elemento de seguridad… Añada usted las violaciones a las normas que suele observar.
Más aún, muchas veces a los que respetamos las luces de los semáforos, otros choferes tocan sus cornetas pidiendo que nos “comamos” la luz… ¿No les ha pasado a ustedes? A mí sí. Yo cargo un aviso: “Yo respeto el semáforo, ¿usted no?” y se los muestro.
Añadamos que en nuestro país los niños y adolescentes están creciendo sin normas, y les va pareciendo “normal” la “ley de la selva”. Eso se va volviendo cultura, por lo cual no sorprende que las normas de tránsito no sean respetadas.
Hay que trabajar con un plan, paciencia y perseverancia, pues las costumbres no se cambian de un día para otro. Las tres “P” son necesarias, y si le añade la P de pasión, eso pone entusiasmo y creatividad en lo que hacemos.
Hay acciones útiles que deberían ser replicadas, por ejemplo, esas escuelas que organizan sus brigadas de seguridad, entrenan a alumnos para que ayuden a la entrada y a la salida de la jornada escolar, hacen su trabajo para que los motorizados, ciclistas y choferes de vehículos se detengan para permitir que los niños atraviesen la calle con seguridad, también para que bajen la velocidad en las inmediaciones de los planteles… Me han contado algunos maestros que se ocupan de estos entrenamientos que, al principio, los choferes se molestan, incluso reclaman a veces de manera airada ese aviso de “deténgase”; sin embargo, luego se van acostumbrando y basta que vean salir a los responsables de las brigadas para que se detengan los vehículos, motos y bicicletas. El trabajo de esas brigadas (además de proteger a los estudiantes) siembra ciudadanía en los habitantes de la comunidad, motiva el liderazgo en los chicos y chicas que integran las mismas.
Además de los centros educativos, los medios de comunicación, comerciantes y empresarios deberían organizar campañas para tomar conciencia de la importancia de la “ciudadanía en la calle”, por el bien de todos.
A Venezuela hay que reconstruirla desde muchos ángulos y la ciudadanía activa es uno. No vamos a cambiar todo de manera rápida, pero trabajar por la ciudadanía en nuestro entorno y con otros es un paso importante que ayudará a construir ese “bien común” necesario.
Luisa Pernalete