El Suplicio De Viajar A San Cristobal

Espacio Público

APELa semana pasada tuve que viajar a San Cristóbal, invitado por un grupo de Profesores de la Universidad de Los Andes a dictar la conferencia inaugural en el Primer Encuentro de Educadores del Táchira. Mi intervención estaba programada para las cuatro de la tarde.  Como  me gusta ser muy puntual, salimos de Maracaibo a las 5.30 de la mañana, con la idea de llegar a San Cristóbal antes de las dos de la tarde. Sabiendo que con un tanque de gasolina  era imposible  llegar, salimos con tres cuartos de tanque con la idea de llenar en La Villa del Rosario o en Machiques,  pues la experiencia me ha enseñado que es muy arriesgado intentar tanquear en Cachamana o Catatumbo, únicas bombas en la carretera Machiques-Colón, que raramente tienen gasolina.  Nos sorprendió  ver que todas las bombas desde Maracaibo a  La Villa estaban cerradas y que incluso había enormes colas esperando que las surtieran. Lo mismo nos sucedió en Machiques. Una cola enorme de carros  esperaba pacientemente que llegara una gandola a surtirla.  Los bomberos repetían que ya  estaba en camino, pero no llegaba. Tras esperar pacientemente y bajo un sol abrasador casi tres horas, nos fuimos a San José de Perijá pues nos pasaron el dato que allí había una bomba que tenía gasolina. Tras otra media hora de cola, logramos por fin  llenar el tanque y continuar viaje.

Sin parar un solo  momento, logramos llegar a tiempo para mi conferencia a las cuatro  de la tarde, que dicté sin haber comido nada,  con el  único cafecito de las cinco de la mañana en el estómago.

Pero había que pensar en el regreso y tras una  cola   en la noche en San Cristóbal,  logramos que nos echaran, y a pesar de que la camioneta tiene chip,  sólo 30 litros, con lo cual era imposible volver   a Maracaibo. Cuando le reclamamos al bombero y  expresamos nuestra angustia, nos dijo que esas eran las órdenes que él tenía. Afortunadamente, un buen samaritano que escuchó mis peripecias en la nueva conferencia que di al día siguiente en el Colegio Cristo Rey, me regaló la gasolina de su carro, sacándola con una manguera. Tuvimos que realizar esta operación en total sigilo, a escondidas, como si se tratara de un acto criminal, pues el señor  insistía en que si lo descubrían lo acusarían de bachaquear gasolina  y lo encarcelarían.

De regreso, volvió  la angustia al ver que todas las bombas estaban cerradas y que el tanque de la camioneta se iba vaciando. Por fin, y   cuando estábamos resignados a pasar la noche  en La Villa, nos pasaron el dato de una bomba abierta a la salida del pueblo y  tras una hora de cola logramos echar gasolina.

¿Quién responde por el estrés, la angustia, el agotamiento y las horas perdidas en cola? ¿Cómo promover la productividad si la gente pasa  horas y horas en todo tipo de colas?

Antes de La Villa, Machiques y en la carretera   Machiques–Colón, hay trozos llenos de huecos y  en muy  mal estado. Y resulta cínico que, en varias vallas, un Arias Cárdenas proclama muy sonreído que  “El Zulia tiene las mejores carreteras de Venezuela”.

              Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)

              @pesclarin         www.antonioperezesclarin.com

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