Esperanza con cable a tierra

Hagamos las Paces

LP21Cuando leo algunas declaraciones de funcionarios diciendo cosas como “la inflación está controlada… hay países que están peor y nosotros no estamos tan mal”, o los ofrecimientos de diálogo con manos extendidas y llenas de alambres de púas, me pregunto en cuál país viven, o si se trata de una burla.

Hay que tener “cable a tierra”: Hay venezolanos pasando hambre. Los chamos de los equipos de fútbol de un colegio de Fe y Alegría de Petare no están entrenando. “Dicen que tienen hambre, que no tienen fuerza para correr”, me comentó la Hermana Silvia. La está pasando mal también Josué, de San Félix, quien es un buen estudiante y deportista; su entrenador le preguntó por qué estaba bajando tanto de peso. “Además -agregó- no estás rindiendo”. “No estoy comiendo bien”, por decirlo de manera decente. Los trabajadores de una empresa de Ciudad Bolívar están almorzando con puro mango, me comentó una conocida que trabaja ahí. La verdad es que no puede uno creer que aquí hay alimentos para tres países. Cumaná está en el fondo del escenario. Cable a tierra.

No se me quita de la mente la niña de 4 años, que es edad para jugar, muerta por una bala. Tampoco me olvido de Xiomara, de Maracaibo, su hijo convulsiona, le quedan anticonvulsivos para dos semanas. Ruega a Dios que alguien de fuera le traiga algunas cajitas. Pableisa, periodista, pide por las redes sociales Carbamazepina, para un familiar. ¡Debe ser terrible ver a un ser querido convulsionando! ¡Cable a tierra, otra vez! “Los pacientes se mueren no por la enfermedad sino por la falta de medicamentos”, me dice un médico. UrgeAyudaEnSalud, retuiteo a cada rato.

¿En dónde está la esperanza entonces? preguntará algún lector.

Estoy en medio de un encuentro de adolescentes de escuelas de Fe y Alegría – Zona Miranda: Los Teques, Petare y Valles del Tuy. Camisas azules y beige, “Jóvenes con Corazón”. Son más de 100. Pintan el país tal como lo ven: “la gente se pelea por comida, no hay agua, no hay luz” y así siguen…, pero, hay otra mirada también. “Sabemos que tenemos que esforzarnos por crear el país que queremos”, dice un equipo muy convencido. Nadie dice “Aquí estamos esperando que nos den”. No, hablan de esforzarse, de trabajar duro. “A pesar de las dificultades no perdemos la fe ni la alegría”. “Hay que animarles a ellos sin mentirles”, dice la profesora Doris. Por ellos y gracias a ellos continuamos muchos docentes. Hubo paro parcial de transporte, sin embargo, las maestras fueron a trabajar me contó una directora. Resolvieron mil problemas. Eso me anima. En otros lares, la señora Tere le dará trabajo en vacaciones a Josué. “Así ayudo y me pago mis cosas”, dice con responsabilidad a sus 16 años. No cede a la tentación de enredarse con los “malas juntas” de su sector. Xiomara me dice que alguien que estaba fuera le ha traído 4 cajitas de medicinas para su hijo. Respira por un par de meses. Encontró solidaridad. Me invitan a un sancocho solidario para recolectar medicamentos. Hay periodistas que siguen informando. Les admiro y me anima también. ¡Todos superhéroes!

Voy haciendo mi tapiz con retazos de aquí y de allá. Creo que el país se merece menos heroísmo, se podrían ahorrar muchos sacrificios si el alto gobierno escuchara y le importara el pueblo, pero mientras tanto miramos cerca y más allá. Debo decir que hoy los adolescentes me han llenado de energía. Por ellos seguimos.

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