Yo lo entiendo: hay una especie de desazón colectiva, el horizonte está en medio de la oscuridad, hasta respirar profundo cuesta por lo pesado del ambiente. Sin embargo, en medio de la bruma, hay luces, hay gente que no se cansa, que se reinventa, hay pistas de semillas anticipando que luego crecerá el árbol para darnos sus frutos y donde se cobijaran las aves del cielo: “Canto lo germinal”. Tomo prestado el título de un poema de Benjamín González Buelta s.j., el cual he leído decenas de veces porque me anima e ilumina.
“No tenía nada para comer ni para darle a mi hija menor, pero en eso tocó el timbre la vecina Doris, me traía dos arepas. ¡Se me alegró el alma! La cosa está muy dura, pero esa noche la vecina me salvó”. No es la primera vez que escucho historias como la de Josefina, de San Félix. La solidaridad, siempre generosa, muchas veces callada, subterránea de gente anónima, que no ganará el premio de Héroes CNN, pero que existe, ¡conozco muchas! Esa solidaridad que crece en medio de la especulación, del “vivismo” fomentado en gran parte por inadecuadas políticas económicas -para decirlo de manera fina-, pero, pese a todo ¡esa solidaridad existe!
Me paso a Barquisimeto. Lourdes, una profesora de inglés ya jubilada, recibe semanalmente adolescentes de una entidad de atención. Les refuerza esa materia y siempre les tiene merienda. Además hace paquetitos de arroz para las madres que desfilan a pedir “algo” y su mercado siempre tiene una bolsa de más para compartir. No salva al mundo, sin embargo su puerta siempre se abre. Tiene su propia “ayuda humanitaria”. Siempre ha sido solidaria y, ahora, está duplicando la dosis.
Las parroquias católicas multiplican las iniciativas: “No se olviden de traer algo para el ofertorio. Los miércoles se ayuda a todo el que venga y no se pueden ir con las manos vacías”, recuerda el párroco de La Consolación, también en Barquisimeto. Además, cada domingo, voluntarios de esa parroquia se trasladan a uno de los sectores populares que atienden (espiritual y también físicamente), hacen una olla solidaria y así los ayudan a ver lo importante que son. Muchas parroquias están haciendo cosas parecidas.
Hace unas semanas estuve en Quíbor. Iba a trabajar el tema de “Habilidades para la convivencia” con un grupo numeroso de personas. Al finalizar visitamos una casa donde una iglesia evangélica de la mano con miembros del Concejo Municipal de Derechos del NNA y otras organizaciones sociales de la ciudad, atienden cada día más de 30 niños brindándoles alimentos. De no ser por ellos, ¡segura estoy que no comerían! Un grupo de voluntarios y voluntarias preparan la comida donada por otros, pero además preparan actividades para el tiempo libre de los niños y niñas: “¿Quién se anota a deporte?, ¿quién a teatro?” Muchos voluntarios se convierten en facilitadores. ¿A ustedes no les entra una brisa cuando saben de estas escenas?
En Caracas, María Gabriela se preocupa por los indicadores de abuso sexual que ve en alguien de su edificio. “¿Qué puedo hacer? Creo que algo extraño está pasando algo y yo sin hacer nada!” Uno podría preguntar: “¿por qué meterse en ese lío? No es su problema”. Sin embargo, sí es su problema. Además porque hay gente buena en todas partes y quedarse sin hacer nada, voltear la mirada hacia el otro lado, no puede ser la única alternativa para los venezolanos. María Gabriela consulta y ensayará algo. Seguro que la mano extendida encontrará una mano agradecida del otro lado.
Cuando termino estas líneas, me entero que el Colegio Integral “El Ávila” de Caracas tiene como responsabilidad social la atención de un núcleo en Petare donde ofrecen merienda y ayudan en sus necesidades básicas a unos 80 niños, aproximadamente. ¿Es obligado ese compromiso? No, les nació, les brotó, porque prójimos urgidos están en todas partes: hay quienes los ven, los sienten, entonces deciden hacer algo.
Uno se conduele ante tanto drama, no obstante también se reanima viendo lo germinal, la espiga en medio de las espinas. “Canto el límite / banquete abierto / para vaciar la suficiencia. / Canto lo pequeño / filigrana preciosa / en el rostro del Reino. / Canto lo germinal / futuro ya presente / que cultivamos con ternura/”, así lo dice Benjamín. Me apunto a este canto: si somos muchos, podemos ser un coro.
Luisa Pernalete



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