La Convención necesita corazón

Hagamos las Paces

“Mamá, frente a la escuela están vendiendo una casa. Está bonita. ¿Por qué no la compramos y así no tenemos que caminar, ni pagar pasaje y yo no falto a clases?” Así le dijo Victoria, de 7 años, a su madre. ¿No se les arruga el corazón?

“Ponle corazón a la Convención”, decíamos las ONG que integrábamos la Coordinadora de ONG por los Derechos del Niño (CONGANI), la cual nació cuando se promulgó la Convención Internacional de Derechos del Niño (CDN). Recuerdo que en Fe y Alegría, que era parte de la CONGANI, cantábamos “Los niños tienen derechos/ lo dice la Convención/ pero para defenderlos/ forma tu organización” y entonces en cada estrofa íbamos enumerando derechos. Había que ponerle corazón, trabajar en su difusión, en la adecuación de la legislación nacional, exigir su cumplimiento. De esto hace ya 29 años, pues este 20 de noviembre se cumplen casi tres décadas de la promulgación de este instrumento, que no es una declaración, es una Convención y eso supone obligación por parte de los países que la han ratificado, incluyendo a Venezuela.

Habrá que seguir insistiendo en ponerle corazón, pues en nuestro país los derechos de NNA están siendo vulnerados; en muchos aspectos estamos peor que antes y es que los derechos humanos son interdependientes: cuándo falla uno, seguro arrastra otro.

Veamos un ejemplo: el derecho a la educación. No es suficiente que haya una escuela. Vuelvo con Victoria, quien está inscrita en un centro educativo en el Municipio San Francisco. Le gusta su escuela, le encantan las matemáticas, su maestra le cae muy bien, pero ha faltado mucho a clases. El año pasado lo peor era el transporte y la escasez de efectivo; pero este año se añade el problema de los apagones prolongados y ahora ¡súmele el tema del agua! Cuando escribo estas líneas he sabido que el sector donde vive la niña estuvo 10 días sin agua y sin contar con un camión cisterna que auxilie. No hablemos de los días que ha asistido a su escuela sin nada en su lonchera para la merienda. Su madre está preocupada: le han comentado de varios casos de hepatitis y difteria, y ellas no están vacunadas. De paso, ahora los buses cobran 10 soberanos en un trayecto corto. ¿Tiene obligaciones el Estado venezolano con Victoria? Pregúntenme cuántos niños y niñas están faltando a clases por estas deficiencias en los servicios públicos. ¿A quién le corresponde garantizarlos? En la CDN establece en el ordinal 1 de su artículo 28 lo siguiente: “Los Estado partes reconocen el derecho del niño a la educación y a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades ese derecho, deberán en particular:… e) Adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción escolar”. Sin comentaros, el subrayado es mío.

Veamos lo que señala el artículo 4 de la CDN: “Los Estados partes adoptarán las medidas administrativas legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención. En los que respecta a los derechos económicos, sociales y culturales, los Estados partes adoptarán esas medidas hasta el máximo de los recursos de que dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional”. Subrayado mío.

¿Sabía usted que el Estado venezolano no acepta donaciones internacionales de medicamentos? Ya sabemos que no autoriza la apertura de un canal humanitario, pero tampoco acepta que ONGs donen medicamentos. ¿Cree usted que se están adoptando las medidas “hasta el máximo de los recursos”, tal como señala la CDN, mientras los niños se mueren en los hospitales por falta de medicamentos por desnutrición, por enfermedades que se pueden prevenir? ¿Cuánto se habrá gastado en imprimir los billetes del anterior cono monetario para que no duraran nada?

Sigamos leyendo la CDN, donde se indica en el ordinal 1 del artículo 24: “Los Estados partes reconocer el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y rehabilitación de la salud. Los Estados partes se esforzarán para asegurar que ningún niño sea privado de su derecho a gozar de esos servicios”. Y luego, lean el numeral 2: “los Estados adoptarán medidas para a) reducir la mortalidad infantil y en la niñez, b) asegurar la prestación de la asistencia médica y a atención sanitaria c) combatir las enfermedades y la malnutrición… suministro de alimentos adecuados, agua potable salubre…”. Mejor me detengo aquí. Pregunten a los compañeros de Prepara Familia y CECODAP sobre el libro que pueden hacer alrededor del JM de Los Ríos. Pregunten a Cáritas y a Susana Rafalli cuántos niños han visto morir por desnutrición.

En fin: la Convención de Derechos del Niño necesita que le pongamos corazón todos nosotros. Las organizaciones que hacemos vida en la REDHNNA no paramos, Dios nos acompañe, pero es urgente que seamos un coro inmenso que haga visible estos dramas, que incida para que el Estado cumpla con sus obligaciones, para que autorice el canal humanitario a favor de los NNA, quienes no tienen ninguna culpa de la situación y están pagando las cuentas. De todos modos, por ahora, le pido a Dios que nos dé fuerza para perseverar: a todos los maestros que caminan horas para llegar a sus escuelas, a los defensores de los derechos de NNA, al personal de los hospitales, a los académicos que investigan temas de la niñez, a los periodistas que ponen en titulares denuncias y también buenas noticias sobre NNA, las familias que no descansan… ¿Será que nos escucharán los que toman las decisiones?

Luisa Pernalete

 

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