
En plena formación en el patio, cuando comenzábamos la semana aniversaria de la escuela por sus 28 años, la maestra anunció: “¡Estas son las ganadoras del concurso de pintura este año!” y las fue nombrando: Génesis (estudiante de 1er año), Dalianny y Marialba (ambas de 6to grado) y Jeandrismar, otra alumna de 1er año.
“¡No lo puedo creer, debe ser una equivocación!”, dijo Jeandrismar y es que no es un concurso interno de pintura en la institución. No, se trata de un concurso internacional que se realiza en Japón, donde se reciben dibujos de todo el mundo. Las cuatro alumnas estudian en la escuela “Monseñor Romero” de Fe y Alegría, región Lara Llanos, ubicada en la comunidad popular de “El Trompillo”, al noroeste de Barquisimeto.
El concurso internacional “Así pintan los niños”, fue creado en 1970 por la Fundación para la Educación Artística Biiku Bunka Kyokai, con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón y la cooperación de Pentel Ltda, empresa que lidera productos de escritura y arte. En consecuencia todos los dibujos son enviados a Japón, donde son evaluados por un jurado internacional. Pueden concursar niños desde los cinco años hasta jóvenes de 15.
Las chicas, además, son del grupo “Flores de la Esperanza”, una organización impulsada por “Esperanza Activa”, fundación liderada por el artista plástico Jesús Pernalete Túa, que lleva varios años sembrando cada sábado arte, creatividad y herramientas para el liderazgo positivo en estudiantes de alto potencial.
“No solo nos dan clases de pintura. También hacemos teatro y conocemos historias de mujeres que luchan por sus ideales. Yo he aprendido mucho”, me comentaba Jeandrismar, ganadora de la medalla de oro. “Ni me acordaba cuál dibujo había mandado. Me emocioné mucho” y la sonrisa no le cabía en el rostro, igual que a sus otras compañeras premiadas. He asistido a varias de esas actividades sabatinas y el ambiente realmente es extraordinario. Además de “Flores de la Esperanza”, en la cancha de la escuela se reúnen los chicos del proyecto “Madiwa”, que consiste en brindar formación a alumnos “difíciles” por medio del rugby. Los instructores de ambos programas son voluntarios.
“El Trompillo” no es precisamente una comunidad privilegiada. Sus habitantes viven en casas muy precarias; el urbanismo es irregular, por ejemplo una casita, de esas que el INAVI construía en otros tiempos de 49 mts2 y con techo de platabanda, sería ahí un lujo. El cerro ubicado detrás de la escuela está lleno de unidades habitacionales realmente inseguras y, sin embargo, de ahí han salido dibujos que compiten con miles de niños y niñas de otros países, siendo reconocido su talento. En el concurso del 2018, del cual ahora se supo el resultado, llegaron 160.000 trabajos. Y entre esos miles, ¡cuatro fueron elaborados por niñas de “El Trompillo!
“Una de esas chicas premiadas estaba muy desnutrida cuando entró. Se le llevaba cada semana ropa y comida. También entró en el programa Haré Paz de alimentación en la escuela. Llegaba tarde, pero, éramos comprensivos. Fue mejorando salud y su empeño la ha llevado a crecer, a sentirse que vale”, comentaba alguien del equipo de Jesús y miraba su amplia sonrisa cuando me mostraba el diploma.
El maestro Jesús Pernalete –“primo” adoptivo mío– dice que esos logros se deben a la concepción de educación sensible que se promueve en “Flores de la Esperanza”: “La educación tiene que ser así: florida, alegre, colorida, atractiva”. Agrega que esos resultados, que enorgullecen a la escuela y a toda Fe y Alegría, son fruto también de la constancia de las madres de las niñas quienes, con gran esfuerzo, envían a sus hijas al colegio cada día y también los sábados; igualmente ese logro pertenece al equipo que lo acompaña a él y no nos olvidemos del personal del plantel que está pendiente. Sin olvidarnos del esfuerzo de las propias chicas.
Desde hace tres años se mandan trabajos al concurso. El primer año, una niña ganó la medalla de bronce; al año siguiente fueron premiadas dos y ahora, fueron cuatro las galardonadas: dos con medalla de bronce, otra obtuvo la medalla de plata y una con medalla de oro. ¿Qué les parece?
“Da alegría poder ofrecer esta oportunidad a las estudiantes”, comentó la maestra Adriana, que acompaña cada sábado a las niñas que participan. “No hemos tenido ni un embarazo en esas chicas ni en las que han ido egresando del grupo”. En un país “campeón” en tasas de embarazo temprano, ¿no deberíamos multiplicar los talleres de pintura, teatro, danza, música?
Hace unos meses hice una consulta en ese colegio con niñas de 6to grado, de las que han estado en las actividades sabatinas: ¿qué quieren ser cuando lleguen a grandes? Y escuché respuestas como estas: arquitecto, artista y ganar premios, médico… Nadie dijo policía ni Guardia Nacional, ni miembro del FAES como he escuchado en otros planteles, donde no existen referencias positivas como las desarrolladas en nuestra escuela “Monseñor Romero”.
Ya lo dijo hace algunos días el Papa Francisco, en su discurso en la Universidad Lateranense, en Roma, cuando mencionaba la importancia de educar para el diálogo y promover la cultura de paz a través del arte añadiendo: “No es suficiente ser críticos, es necesario mostrar creatividad y propuestas para el futuro, ayudando a cada persona a convertirse en protagonistas y no sólo espectadores”. Yo agregaría no esperar que del cielo bajen las alternativas. ¿No creen que “Flores de la Esperanza” contribuye a la promoción de “protagonistas”?
¿Cuántos talentos escondidos tenemos de las zonas populares que se pierden por falta de oportunidades? El arte es un muro de contención para la violencia y una vía para la vida digna.
Luisa Pernalete



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