Ser bondadoso no es comeflorismo

Hagamos las Paces

Practicar la amabilidad y la bondad es beneficioso para la salud y para las relaciones personales. Hay investigaciones que lo certifican y por ello reseño el libro de David Hamilton sobre el tema.

¿Usted es una de esas personas amables que saluda, da las gracias, no grita, cede el puesto a personas mayores o a madres con hijos en los brazos? ¿No le han dicho, para descalificarla, “comeflor”? Pues a mí me lo han dicho, en vivo, con palabras o con miradas en más de una oportunidad. Eso no me quita el sueño, pero pienso que en esta Emergencia Humanitaria Compleja que vivimos los venezolanos, ser amable y bondadoso es una necesidad: requerimos fraternidad porque el sufrimiento abunda, ya hay bastante maldad de parte de ciertos actores.

Lo novedad que quiero tratar en estas líneas es que las buenas acciones tienen grandes beneficios, no es comeflorismo etéreo. Y me baso en los argumentos que expone David Hamilton en su libro “Los cinco beneficios de ser amable[1]. Hamilton es Doctor en Química orgánica y dedicó varios años de su carrera profesional a la investigación en la industria farmacéutica, desarrollando medicamentos para combatir el cáncer y enfermedades cardiovasculares. Dejó la industria para divulgar sus conocimientos sobre cómo las personas pueden fortalecer sus emociones y pensamientos para mejorar su salud. Ha escrito más de 10 libros, es un promotor de la amabilidad como terapia y trabaja con pasión para ayudar a construir un mundo más amable. El libro es una delicia y, en realidad, no sólo habla de ser amable sino también de ser bondadoso.

No puedo en una columna extenderme en los cinco beneficios destacados por dicho autor, pero los enumero y me detengo en algunos detalles: primero nos hace ser más felices; segundo, es contagioso; tercero, es saludable; cuarto, retarda el envejecimiento y quinto, mejora nuestras relaciones. Yo añado un valor agregado: es gratis, no se necesita ni carnet especial, ni cédula -tan difícil de sacar por estos tiempos- ni código QR para ser amable y bondadoso, solo se requiere que usted esté convencido de lo bueno que es hacer algo bueno por los demás. Eso sí, dice el autor en varias partes de su libro, la acción debe ser genuina.

En primer lugar, no espere nada a cambio, debe ser desinteresada. Nos dice que ser bondadoso reduce el envejecimiento, por ejemplo, retarda la aparición de arrugas. Si usted es amable y bondadoso con el objetivo de no arrugarse, su organismo no generará más oxitocina por esas acciones (p.107); así que si su acción es calculada y premeditada, es egoísmo disfrazado. No se puede hacer trampas.

 Quisiera respaldar el título que le dí a la columna: no son buenas palabras, “la ira nos estresa, la amabilidad nos hace sentir bien (…) la bondad nos hacer ser más felices, es la conclusión de un gran cúmulo de investigaciones científicas” (p. 29). Así en cada capítulo va citando trabajos de investigación que dan fuerza a lo que uno en la práctica conoce.

Suelo decir que hay tanta gente buena en este país, que cuando uno le pide un favor, por ejemplo entre Madres Promotoras de Paz de colegios de Fe y Alegría, no solo te extienden la mano, sino que además te dan las gracias porque le diste la oportunidad de hacer alguna actividad generosa como voluntarios.

Hamilton nos comenta también que la amabilidad y la bondad son cardioprotectores, pues benefician el corazón y limpian las arterias al producirse sustancias positivas para nuestro organismo, como la oxitocina, que a su vez favorece la producción de óxido nítrico y la misma oxitocina ya mencionada. En esta época de dificultades para conseguir medicamentos, no vendría mal una buena dosis de bondad entre los venezolanos.

También reduce el estrés y la ansiedad, e incluso parece que favorece el sistema inmunológico (p. 115). Y repito, ¡es gratis! No hay que hacer colas.

Creo que toda la obra de Hamilton la deberíamos leer los venezolanos hoy y subrayo esta idea: “La bondad une a la gente, mantiene el tejido social” (p. 22) . Reconstruir el tejido social roto por la violencia, por la angustia de estar cada día viendo de dónde se saca para comer es tarea urgente para los venezolanos.

Uno piensa en la insistencia del mensaje evangélico de vencer el mal con el bien; piensa en la sonrisa de tanta gente buena que uno conoce, de esos que están sin respiro trabajando para mitigar las secuelas de la emergencia humanitaria que nos aqueja y lo que se me ocurre es que esa gente se mantiene a fuerza de hacer cosas buenas, de otra manera ya hubiesen tirado la toalla.

En fin, aproveche los beneficios de practicar la bondad y la amabilidad por el bien suyo, mío y de todos. Y si le dicen “comeflor” piense que es mejor ser “comeflor” que come-candela.


[1] Hamilton, David (2020). Los cinco beneficios de ser amable. Editorial Planeta Mexicana. México.

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