
No está fácil, lo sé, pero ¡cómo ayuda imaginar tiempos mejores! Dicen los expertos que soñar es un gran estímulo para la acción.
Hagamos un ejercicio. Imaginemos que ya terminó la cuarentena y volvemos a la escuela. Sabemos que ella ya estaba en emergencia debido a: la poca asistencia de estudiantes (muy marcada en ocasiones e incluso se han cerrado secciones por falta de alumnos), la renuncia de docentes por no poder sobrevivir con esos salarios, por el problema del transporte, la falta de alimentos en los hogares y la imposibilidad de sostener programas alimentarios en los colegios… En fin, frente a una educación amenazada, la emergencia por el Covid-19 se agregó a todas esas que ya traíamos los venezolanos, en esos problemas que continúan y continuarán; sin embargo, es obvio que aún con ellos reencontrarnos cada día, vernos las caras en medio de los dramas, especialmente para los niños y niñas, daba alegría.
Cuando volvamos a la escuela, si usted es madre o padre -no docente- estará feliz de dejar ese otro rol que le tocó ejercer en la encerrona. Pregúntese qué aprendió en este tiempo: la importancia de la escuela, de los maestros y también dese cuenta que la relación con sus hijos se ha estrechado por las acciones conjuntas que han realizado. Sonría también recordando las ocurrencias de los pequeños… Me encantaría tener esos “diarios” a mano. Y claro, ¡cómo ha revalorizado el papel de los educadores! Haga algo bueno el día que se reincorporen a clases: dígale a los maestros de sus hijos cuánta falta le han hecho, que ahora los comprende mejor y que se alegra de verles de nuevo. Dese esa orden: “Cuando vuelva a la escuela, le diré a la maestra cuánto la aprecio, cuánto le agradezco su trabajo” y sonría al pensarlo.
Si usted es docente, es educador, comience por preguntarse qué ha aprendido de esta cuarentena: ¿qué es realmente lo importante de la educación hoy? ¿Verdad que nos hemos dado cuenta que perdemos el tiempo con exigencias que no son las verdaderamente importantes? Voy a destacar algunas que yo he encontrado:
La familia es, de verdad, la base, por lo cual el padre y la madre deben ser parte de nuestro proyecto educativo. Seguro que usted mismo se ha dicho “si hubiera sabido que esto iba a venir habría conversado con los padres más sobre las potencialidades de los muchachos, sus cualidades y no solo de las quejas”. Entonces aproveche este tiempo laaaaargo y prepare algunas actividades con las madres: ¿qué cosas buenas les vieron a los hijos en esta cuarentena?, ¿se dieron cuenta de lo inteligente que son?, ¿cuántas cosas inventaron en estas semanas? Mire ahora a las madres no como enemigas sino como “comadres”: los hijos de ellas son sus ahijados. Cambie el dedo acusador por la mano extendida.
¡Ah, la importancia de la educación emocional! ¡Cuánta falta ha hecho saber manejar las emociones en esta cuarentena! Administrar las rabias, desde contar hasta 10 o hasta 100, respirar profundo… no pagar con los más pequeños o débiles la impotencia o el miedo que sentimos en algunos momentos… Pues, aproveche este receso y actualice sus conocimientos sobre el tema.
Ligado a lo anterior, que relevante es enseñar “habilidades para la convivencia pacífica”. Desde saludar, escuchar, pedir una ayuda, agradecer, quejarse. ¿Hemos trabajado eso antes? Les cuento que eso se enseña y se aprende. Cuando uno hace consciente, por ejemplo, lo mal que escuchamos sin mirar el rostro del otro o sin soltar el celular mientras alguna persona nos habla, más que escuchar para comprenderla, estamos esperando que termine para caerle encima con nuestro discurso. Por poner otro ejemplo, cuando nos sentimos retratados con nuestras pocas habilidades para la convivencia fraterna, entonces vemos lo relevante que será trabajarlas.
¿No le ha hecho bien reír en estos días de encierro? El buen humor también se enseña, además de tener un gran valor terapéutico y pedagógico. Recuerde que hablamos de la capacidad para expresar o valorar de una manera inusual; hablamos de sonreír y reír con otros, no de burlarse de otros. Pues, el buen humor también se enseña y se aprende. Comience por recopilar anécdotas chistosas que los alumnos hayan vivido. A reír y a sonreír también se aprende. Reír es cosa seria.
¿Cuántas recetas de cocina no inventó en este tiempo de distanciamiento social? ¿No se admiró de las veces que cambió planes? ¿No se admiró de lo bien que supo cambiar las maneras de hacer su rutina de años? O sea, todos hemos incrementado nuestra capacidad de resiliencia en estos últimos tiempos en Venezuela y buena parte de ella lo hemos puesto en práctica en estas semanas. Conviene recordar que la resiliencia, el arte de reinventarnos frente a las adversidades, también se puede enseñar y aprender.
¿Y cuánto aprendimos en el área de salud? No hablo solo sobre el origen y tratamiento de la pandemia, hablo de alimentación sana. ¿No se siente usted experta en alimentación saludable? Pues tiene ahí temas para trabajar con las madres y con los alumnos.
Aproveche que el mundo se volvió pequeño y busque un mapamundi para ubicar todos los países que los chicos han escuchado durante la pandemia. Ubíquelos en el mapa, vea que aprendieron de esos países. Saque uno de sus juegos instructivos del área de Geografía y estimule la memoria de los alumnos. Es algo que poco se hace ahora, pero es muy importante trabajar la memoria.
En el área de valores: subrayar cómo ha sido de valiosa la solidaridad, la corresponsabilidad, el ejercicio de la ciudadanía… cumplir con las normas de cuidado en nuestra persona y de los demás. Ver la solidaridad como algo bueno, que nos humaniza, que es vital para esta nueva humanidad que debe nacer.
No podemos olvidar temas que subyacen y que, a veces, los dejamos de lado: el cambio climático, el maltrato a la Casa Común. ¿Saben ustedes que con la cuarentena hay ciudades que han mejorado su ambiente? ¿Cuánto más podemos avanzar para tratar mejor al planeta? No debemos seguir postergando este tema, dejándolo solo para el Día del Ambiente.
La cuarentena es posible que nos haya hecho caer en cuenta de la imperiosa necesidad de formarnos en las nuevas tecnologías de la educación. Una tecnología para acelerar el aprendizaje, para hacerlo más flexible. Los educadores tenemos mucho que aprender. Nuestro rol tiene que ser más de inspirar, acompañar, orientar…
Nos encantaría soñar con un cambio sustancial en la actitud de los que toman decisiones: controlar la inflación, mejorar los servicios, que reaparezca la gasolina, brindar salarios dignos para médicos y educadores…
Son muchos más las cosas que he descubierto, pero lo cierto es que no podemos volver a clases igual, con la misma actitud, con las mismas planificaciones. Y lo otro importante será nuestra actitud ante los estudiantes, expresarles nuestra alegría de verlos nuevamente, decirles que nos han hecho falta, que deseamos pedirles perdón por los días de malhumor, por las tareas sin sentido… Ya no habrá prohibición de abrazar, así que deles un gran abrazo además de darles las gracias por existir. Rece por los que no llegaron.
Luisa Pernalete



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