Encuentro con el Otro: nos necesitamos

Hagamos las Paces

Hay varias posibilidades para relacionarnos con “el Otro”: aislarnos, atacar o cooperar. Inspirada por el libro “Encuentro con el Otro” del periodista polaco R. Kapuscinski, me paseo -en grande y en pequeño- por esas alternativas, para concluir en la necesidad de cooperar, dada la situación de pandemia.

El autor que nos inspira reúne, en el libro mencionado, una serie de ensayos y conferencias sobre el tema de “el Otro”. Sí, así con mayúscula. Nos recuerda que en la historia de la humanidad se desprenden tres alternativas para relacionarnos con ese Otro. Nos dice que, en sus numerosos viajes, tuvo esa revelación: el mundo alberga a otros seres, que uno no está solo. Pero, ¿cómo se ha comportado el hombre frente al Otro? Eligiendo  entre aislarse, la guerra o entablar un diálogo. Dependiendo de su cultura y de la época en que la ha tocado vivir, elige una opción u otra aunque no siempre se siente seguro en sus decisiones.

Kapuscinski nos dice, pues, que hay tres opciones. La primera es aislarse. Mejor encerrarse, blindarse, por indiferencia o por seguridad. Esta opción dará como resultados construcciones que obedecen a la voluntad de atrincheramiento, según él, tales como la Gran Muralla de China, las torres y puertas de Babilonia, o las murallas de piedra de los incas.  No creamos que esa opción únicamente es del pasado, recordemos que el presidente de los Estados Unidos está obsesionado con su muro al sur de ese país. Y estoy recordando también, la primera vez que fui a la Alta Guajira, que los hermanos wayúu me explicaron que en esa zona de la península ellos vivían aislados unos de otros, porque eran pastores, había muy poco pasto para las ovejas, necesitaban mucho terreno para poder mantenerlas. Hablo de mi primera visita, en la década de los 90s.

La otra opción que se desprende de la historia es la agresión, el ataque al Otro. El autor, quien ha sido periodista cubriendo conflictos bélicos, señala: “Resulta difícil justificar la guerra; opino que la pierden todos porque pone de manifiesto el fracaso del ser humano al revelar su incapacidad de entenderse con los Otros, de meterse en su piel y porque pone en tela de juicio su bondad y su inteligencia. Cuando el encuentro con los Otros tiene como desenlace la guerra, que acaba en tragedia, en un baño de sangre…”. Yo añado, cuando hay guerras, entre tribus o países, solo ganan los vendedores de armas y pierden todos los ciudadanos. Siempre hay víctimas de lado y lado y con muchas secuelas colaterales. ¿ Quién está ganando en Siria? La mejor guerra es la que no estalla.

Por fortuna, indica Kapuscinski, también aparecen en la historia pruebas de una tercera opción en esa relación con los Otros: la cooperación y describe algunas: “Se trata de vestigios de mercados, de puertos marítimos y fluviales; de lugares donde se levantaban ágoras y santuarios, donde todavía hoy son visibles los restos de algunas universidades y academias antiguas…”. Igualmente menciona, como muestra de esta opción que supone diálogo, cooperación, a las rutas comerciales. Por mi parte, podríamos hablar de los acuerdos entre países para cooperar frente a tragedias naturales, investigaciones científicas para enfrentar problemas sociales, enfermedades, campañas a favor de los Derechos Humanos, ayudas humanitarias, medidas para albergar refugiados -no migrantes que viajan por gusto, sino esas personas que se van de su país forzados por la situación-, acuerdos para favorecer la resolución pacífica de conflictos…  

Por supuesto que una columna breve como esta no da para transferir la riqueza de los ensayos de Kapuscinski, pero, al menos nos permite recordar que el diálogo y la cooperación han sido opciones a lo largo de toda la historia de la humanidad y, en la actualidad, en esta pandemia, nos hacer pensar en la necesidad del Otro. Claro, para llegar a ese Otro, con mayúscula, se requiere de una disposición para comprenderlo y valorarlo.  Tener la convicción de que no hay culturas superiores ni inferiores, sino diferentes.

Las opciones que hemos visto en lo macro, se reproducen el micro. En la escuela, en la comunidad… Hay vecinos que suben sus paredes, se aíslan y deciden no tener contacto con quien vive al lado. Existen personas que se la pasan insultando al Otro, amenazando, se imponen amedrentándolo; a ellas no se les respeta, se les tiene miedo. Y, afortunadamente, hay quienes extienden su mano para ayudar a los demás, para resolver pequeñas necesidades: una taza de azúcar, un destornillador, un libro para que el pequeño consulte una tarea escolar, una colita para el dispensario en una emergencia.

Hoy, en plena cuarentena, nos preguntamos: ¿cuál es la opción más adecuada?, ¿cuál es la más inteligente? Tanto los que se aíslan, creyéndose superiores, como los que agreden creyéndose con poder para atacar, necesitan de los Otros para salir airosos de esta emergencia humanitaria compleja que afecta al país, así como para defendernos del virus poderoso que mata. La mano extendida para ayudar o para pedir ayuda, es la única opción inteligente y humana. El diálogo, la cooperación, la solidaridad…

Me alegra saber que, actualmente, muchos venezolanos han elegido la tercera opción para salir adelante. Hay montones de evidencias, unas más grandes, otras pequeñitas, pero que te reconcilian con el país y con la humanidad.

Usted decide cuál es la suya. Y para ayudarle, piense en las personas que valora, las que admira, a las que tiene algo que agradecer… Adivino: ¡todas ellas son de las que han elegido cooperar, dialogar, ayudar!

Referencia bibliográfica

Kapuscinski, R (2007). Encuentro con el Otro. Anagrama. Barcelona, España.

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