En este mundo con conflictos bélicos abiertos, con ejecuciones debido a elementos culturales (como sucede en Corea del Norte o esos crímenes contra cristianos en Nigeria, solo por ser cristianos) y sin llegar a esos extremos, los sufrimientos de gente hambrienta en muchos países, incluyendo a Venezuela, agreguemos también la angustia que se genera con el problema de los apagones eléctricos, por mencionar solo un aspecto. ¡Y resulta que nosotros decidimos hablar de la amabilidad! Ya les explicaremos el porqué.

De nuevo apelo a las páginas inspiradoras de las encíclicas del papa Francisco; en esta ocasión nos referimos a la carta “Fratelli tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social. En el capítulo VI, además de hacer referencia a la importancia de crear una nueva cultura, al encuentro hecho cultura, también se detiene en la necesidad e importancia de “recuperar la amabilidad” (# 222).

Nos dice el papa Francisco que “el individualismo consumista provoca mucho atropello. Los demás se convierten en meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Entonces se les termina tratando como molestias y la agresividad crece. Sin embargo, todavía es posible optar por el cultivo de la amabilidad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad”.

Hay que leer toda esa encíclica y subrayo estas páginas sobre la amabilidad, que no es simplemente “buenos modales”. La amabilidad en el trato es una manera de evitar herir al otro con palabras, gestos. “Implica decir palabras de aliento que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (#223).

Ensaye usted: salude con una sonrisa, dé las gracias a quien le ofrece alguna ayuda, exprese a los otros el reconocimiento cuando hacen bien algo, pida perdón cuando comete un error… Dese tiempo para saludar a sus vecinos, a la maestra de sus hijos, a esa persona que se ofrece a cuidar su carro en la calle. Sonríales y note el rostro de agradecimiento en ellos también.  Por supuesto, en el hogar también hay que cultivar la amabilidad, a pesar de las dificultades. Ensaye y vea que funciona.

Pero subamos otra vez de nivel y sigamos con el papa Francisco: La amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra en las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás (…). Hoy no suele haber tiempo ni energías disponibles para tratar bien a los demás, a decir permiso, perdón, gracias. Pero de vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja de un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. 2(…) El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una actitud superficial o burguesa. Puesto que supone valoración y respeto, cuando se hace cultura en una sociedad, transfigura profundamente el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar las ideas. Facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes” (#224).

Ser amable es gratis. Supone, eso sí, estar consciente de que es una elección personal. Siempre recordemos que ser amable se puede enseñar; que los niños pequeños, de 0 a 7 años, aprenden por imitación e igualmente, más adelante siguen aprendiendo en la escuela. En el hogar hay que enseñar a los hijos a ser amables; para ello hay que ser coherentes, que lo que digamos, lo hagamos. Recordemos a Gandhi: “Mi vida es mi mensaje” y no olvidemos ser amables con nosotros mismos.

¿Se anota para ser una de esas personas “milagrosas” como lo leemos en “Fratelli tutti”?