Se fue el 2025, un año muy difícil, lleno de incertidumbre, amenazas de enfrentamientos muy violentos, crisis generalizada, inflación incontrolable que pulveriza los salarios y devora los bonos, y mucho sufrimiento innecesario. Año donde fuimos acumulando preocupaciones, rabias y hasta posiblemente algunos rencores y odios. Por ello, debemos iniciar el nuevo año liberados de esa carga agobiante mediante el cultivo del perdón.
El perdón significa que el que perdona ha superado su odio y su rencor. El corazón se distiende y se libera. El odio y el rencor provocan y justifican la violencia y, a su vez, la violencia engendra má
Perdonar no es olvidar ni borrar. Perdonar significa deshacerse de esa rabia y ese rencor a los que uno tiene derecho. Si alimentamos el rencor, arruinamos la vida y destruimos la felicidad. Perdonar es recuperar la libertad, pues el perdón destruye las cadenas de la rabia, el enojo y el ansia de venganza que envilecen y consumen. Perdonar es
Si no perdonamos, seguimos encadenados al odio, a la tristeza; no somos libres ni sanos. Mientras no perdonemos, tendremos atormentado el corazón con un dolor o una rabia que nos seguirá devorando las entrañas del alma y no nos permitirá la paz. Guardar rencor es como si uno tomara veneno y esperara que otro se muriera. Mientras no perdonemos, seguiremos viendo a las personas y a la vida desde las heridas. Al perdonar, en cierto modo, dejamos de sufrir. Nos liberamos del dolor y liberamos al otro de la capacidad de seguirnos haciendo daño.
Perdonar significa optar por la vida, y no perdonar significa optar por la muerte. Perdonar puede significar la renovación para un ser humano, para una comunidad e incluso para un país. Es un acto de valentía de la persona que quiere deshacer la fascinación del mal e incluso liberar al enemigo de la esterilidad y el aislamiento. Así, el perdón a
Perdonar es un acto de libertad que no acepta la lógica de la rivalidad. Puede ser duro, pero n
El perdón y la justicia pueden y deben andar juntos. Si los asesinos son perdonados sin más, si los corruptos son perdonados sin más, si los torturadores son perdonados sin más, si los ladrones son perdonados sin más…, la sociedad justifica a sus mismos destructores y se destruye a sí misma. El perdón no es un salvoconducto para obrar mal, ni significa que lo mal hecho no tenga importancia ni deba ser castigado.
Y, como rezaba el viejo catecismo, para ser perdonado se requiere el propósito de la enmienda del que comete la injusticia y causa el sufrimiento; es decir, el reconocimiento del mal ocasionado y, sobre todo, la decisión de no seguir haciéndolo. Si alguien no reconoce su culpa ni el daño ocasionado, si no está dispuesto a cambiar y sigue empeñado en obrar mal, en causar dolor y sufrimiento, estamos obligados a impedir que lo siga haciendo, lo que puede exigir que debamos enfrentarlo.
Perdonar es salir de la cadena de la violencia. Solo el perdón puede abrir un futuro auténtico y generar nuevas relaciones. Ni la venganza ni la violencia pueden hacerlo. «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón«, decía San Juan Pablo II. La venganza es el final catastrófico de la política, así
Por: Antonio Pérez Esclarín ([email protected])
Redes sociales y página web: @antonioperezesclarin