Yo sí voy a votar el 22. Y lo voy a hacer porque estoy convencido de que la situación de Venezuela es insostenible y necesita un cambio de rumbo profundo. Cambio que debemos lograr por la vía electoral pues el voto es el arma del ciudadano que asume sus responsabilidades y trabaja por el bienestar de todos. Venezuela tiene un gran futuro que debemos lograr mediante el trabajo productivo, la educación de calidad para todos y todas y el compromiso por la convivencia, la justicia y la paz. Y estas elecciones primarias son el primer gran paso para reconstruir el país.

Voy a votar porque no renuncio a la esperanza y pienso que la lucha por rescatar la democracia es el deber urgente de todos los que amamos a Venezuela. Voy a votar porque quiero fortalecer la confianza, el respeto y la ilusión que están surgiendo con fuerza. Voy a votar porque quiero reconocer y agradecer los esfuerzos de todos los que se han entregado a hacer posibles estas elecciones. Voy a votar por el candidato o candidata que me parece más idóneo para garantizarnos el triunfo en las elecciones presidenciales del 24, y luego apoyaré con vigor a quien salga ganador, aunque no sea el que yo elegí.

Y voy a ir a votar con esperanza y alegría. Me gusta repetir que, en estos tiempos tan difíciles, la verdadera alegría que mana de adentro, del compromiso, de la paz del corazón y de la seguridad de que uno está cumpliendo con su deber de ciudadano, es subversiva. Porque los que buscan que todo siga igual, nos quieren tristes, deprimidos, derrotados, sin espíritu de lucha ni fuerzas para reclamar la vida digna y en paz a la que todos tenemos derecho. Yo, por lo menos, me esfuerzo todos los días para que no me derroten ni amilanen. Más bien, estoy convencido de que la actitud alegre y entusiasta es una especie de victoria, pues a los que nos quieren sometidos y vencidos, les resulta insufrible ver personas que no se rinden y siguen trabajando con pasión y entrega por sacar a Venezuela del abismo.

Muy consciente de que sobrevivir cada día está resultando una tarea heroica a la que la mayoría dedica todas sus fuerzas y energías, y por ello muchos se han desentendido de sus deberes ciudadanos, yo cada mañana doy gracias a Dios por la vida y por las oportunidades que me brinda el nuevo día para trabajar por Venezuela y me repito con convicción: “Hoy no voy a permitir que los amargados me amarguen; que los pesimistas me contagien su miedo; que los violentos me quiten la paz; que los derrotados me hagan claudicar. Hoy, voy a tratar de vivir como un regalo para los demás. Todas las personas con las que hoy converse, que de mis palabras salgan animadas, estimuladas, comprometidas a trabajar por Venezuela. Si muchos se dedican a sembrar desánimo y división, yo voy a tratar de sembrar esperanza y unión”.

Cuando trata de abatirme la desesperanza, hago mío este texto de Eduardo Galeano: “Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías y también tenemos la alegría de nuestros dolores y estamos orgullosos del precio de tanto dolor que por tanto amor pagamos. Nosotros tenemos la alegría de nuestros errores, tropezones que muestran la pasión de andar y el amor al camino: tenemos la alegría de nuestras derrotas porque la lucha por la justicia y la belleza valen la pena también cuando se pierden. Y sobre todo, tenemos la alegría de nuestras esperanzas en plena moda del desencanto, cuando el desencanto se ha convertido en un artículo de consumo masivo”.

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pesclarin@gmail.com

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