
Con el nombre científico de “tabebuia chrisantha” y “flor del oro” como toponimia emblemática, el Araguaney se realza como el árbol que simboliza naturalmente a nuestro país Venezuela. Fue en al año de 1952, durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, cuando se elige a este amarillento especie vegetal como el árbol nacional a propósito de la celebración del “Día del Árbol” el 29 de mayo, prohibiéndose su tala y quema en todo el territorio. Hoy se conmemoran 70 años de aquella declaración.
Bilógicamente el Araguaney se caracteriza por ser un árbol autóctono que no sobrepasa los 12 metros de altura, con raíces profundas, tronco recto y cilíndrico cuyo diámetro no excede los 60 centímetros. Suele florecer entre los meses de febrero y abril cuando las semillas maduras, desprovistas de hojas, son receptoras de las lluvias que las hacen germinar frondosamente, exhibiendo así el ilustre color amarillo que hace embellecer el lugar donde se encuentre.
Sin embargo, más allá de sus características, ¿qué representa el Araguaney para el venezolano? Antes de escribir este reporte se hizo una pequeña encuesta informal a 20 venezolanos de todo el país (a través de la aplicación WhatsApp) y llama poderosamente la atención que menos de la mitad conoce que el mencionado árbol es símbolo nacional, lo que sugiere que la identidad cultural entre nosotros es escasa.
Ante ello, ¿qué se está haciendo en las escuelas? Si se mira en los apuntes de los estudiantes para la asignatura Ciencias Sociales (educación primaria) o Geografía, Historia y Ciudadanía (educación media), no se va a encontrar más allá de un dibujo coloreado. Entonces, ¿es culpa del estudiante que no guarde respeto por los símbolos patrios? La respuesta definitivamente es negativa; la responsabilidad recae en la forma tradicional y memorística que se viene manejando la educación venezolana.
Tan sólo a partir de este símbolo natural, el Araguaney, se pueden generar diversas ideas didácticas para alimentar lo referente al cuidado de la casa común, propuesto por el Papa Francisco y por las preferencias apostólicas de la Compañía de Jesús, y aportar al desarrollo sostenible que se menciona en la Agenda 2030 de la UNESCO. ¿Cómo abordarlo didácticamente? Hay que ver el Araguaney como una oportunidad ambiental.
Se pueden planificar y aplicar en el aula actividades didácticas como las siguientes, siempre atendiendo al nivel o grado escolar:
- Semejanzas y diferencias. Se coloca en la pizarra o pared una imagen en la que exponga de un lado un ambiente sin árboles y otra con el Araguaney (puede ser la incluida en este texto). A partir de preguntas generadores, se pide la reflexión de los estudiantes: ¿Qué diferencias pueden observar?, ¿cuál lugar se ve más adornado y colorido?, ¿cómo podríamos generar un lugar colorido con el árbol del Araguaney?
- Plantar un árbol (actividad de campo). Atendiendo al llamado de la UNESCO a que cada ser humano plante un árbol, sería ideal que en la escuela o en el hogar se pida al estudiante que plante un árbol de Araguaney. Para ello se debe contar con los procesamientos especializados; se puede buscar la ayuda de expertos.
Para cerrar esta lectura, te invito a reflexionar en torno a las siguientes inquietudes: ¿he generado conciencia ambiental en el aula de clases?, si es así, ¿cómo lo he hecho?, ¿ha sido suficiente?, ¿he generado prácticas de campo para ello?; por otro lado, ¿cómo puedo incentivar el cuidado de la casa común desde el símbolo del Araguaney? Lo que se te ocurra, ¡ponlo en práctica y comparte tu experiencia con nosotros a través de la revista Movimiento Pedagógico!
MSc. Ramón Labarca-Rincón
Equipo Pedagógico del CFIPJ
@RamonJoseLR