Podemos elegir nuestras palabras

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¿Cómo es actualmente la comunicación entre los venezolanos en estos tiempos de incertidumbre, de subidas y bajadas, con problemas generalizados?

Nos parece que se insulta mucho, demasiada descalificación, muchas reacciones desmedidas ante informaciones que, a veces, son falsas, mientras que en otras ocasiones hay silencios que ofenden.

Además de subrayar la necesidad de tener paciencia en esta “transición” que no vemos clara, siendo posible que mejoren algunos elementos en el país como, por ejemplo, el incremento de ingresos económicos debido a la Ley de Hidrocarburos; aunque el incremento de salarios para la mayoría de la población (entre ellos los médicos, enfermeras y educadores) no será para la próxima semana, igual que todo lo que tiene que ver con la reinstitucionalización del país… Entonces, además de paciencia y realismo, es importante revisar nuestra manera de comunicarnos, es decir, las palabras que usamos, pues. Nos ayudamos con un poema–oración de Benjamín González Buelta SJ, titulado “Una palabra”:

            Una palabra en la mano / puede ser piedra certera / en la sien del gigante / un bisturí afilado / que raja el orgullo / pan y amistad ofrecidos / al que nada tiene.

            Una palabra en el suelo / puede ser una losa / para que descanse la espalda, / un cimiento seguro / para que construyas tu casa, / un banco en la plaza / para aliviar al viajero.

            Una palabra en el agua puede ser un apoyo para saltar la corriente, un dique amigo para detener la avalancha, un recuerdo pulido por el vaivén de las olas.

            Una palabra en el aire/ puede ser un puente/ para saltar los abismos,/ una onda en el alma/ para vencer las fronteras,/ una mirada tierna que acerca y abraza.

            Una palabra en la piel/ puede ser un rubor/ en la mejilla que escucha/ un fervor en el cuerpo/ que agiganta la vida/ el infinito pequeño/ en un cuerpo que ama.

Este bello poema puede ayudarnos para elegir las palabras necesarias para los venezolanos…

Necesitamos palabras que puedan hacer críticas certeras.

Palabras que signifiquen que tenemos las manos extendidas ante tanta gente sufriendo. Basta con ver a esos niños y adolescentes en las esquinas ofreciendo limpiar vidrios en vez de estar estudiando; niños, adolescentes y jóvenes con hambre. Brindemos unas palabras amables, acompañadas de un saludo con algo para comer.

Necesitamos palabras que puedan servir de alivio ante el cansancio de tanto pensionado con pensiones ridículas. Y palabras para ver cómo elevar protestas pacíficas para acompañarlos.

Urgen palabras que acompañen a los familiares de los presos políticos, que permanecen en centros penitenciarios donde todo es sufrimiento.  Palabras para exigir que esos presos sean liberados y no solo excarcelados.

Necesitamos palabras que sirvan de puente para saltar corrientes entre gente que piensa distinto, pero que seguro quiere como nosotros más democracia participativa, plural y protagónica. Necesitamos palabras que ayuden a ver horizontes comunes.

Urgen palabras que siembren esperanza con realismo, que no nos lleven a pensar en “no hay nada que hacer”.

Necesitamos palabras de esos líderes históricos como Gandhi, Mandela, Luther King y Monseñor Romero, que nos ayuden a ver cómo hacer bien  las cosas.

Necesitamos palabras que supongan que estamos escuchando a los jóvenes, esos que parecen que no perciben presente ni futuro en el país.

Necesitamos palabras que defiendan a los niños, niñas y adolescentes que carecen de protección integral.

Entre varios, en comunidad, es menos difícil encontrar las palabras necesarias para estos momentos difíciles.

Luisa Pernalete

 

 

 

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