Esta semana Fe y Alegría, ese Movimiento de Educación Popular y de promoción social, nacido en Venezuela, cumplió 71 años de vida. ¿Qué diría hoy el padre José María Vélaz, su fundador, si estuviera entre nosotros?
José María, como le decían sus allegados, fue un jesuita visionario; miraba siempre más allá. Hoy le calificaríamos de “emprendedor social”, dado que siempre tenía la educación integral como norte, favoreciendo a los más vulnerables del país. Confiaba en los que invitaba a sumarse; con mucha fe y mucha alegría, animaba, empujaba… “¡Atrevámonos!”, solía decir. Él se atrevía, aunque no tuviera todas las “seguridades” consigo.
Escribía muy bonito y su lindo poema conocido como el Testamento debe servir de inspiración para los que formamos parte de esta gran familia que es Fe y Alegría. Con sana humildad, nos atrevemos a decir que esa herencia de José María se ha multiplicado en Venezuela y en el mundo, pues recordemos que ese corazón con los tres niños agarrados de las manos está hoy en 23 países y ¡hay varios en lista de espera!
Se sentiría contento de ver los 176 centros educativos que existen en Venezuela, algunos cuantos siguiendo ese lema: “Donde no llega el asfalto, ahí llega Fe y Alegría” De frontera a frontera: desde Cojoro, en la Alta Guajira (cerca de Colombia), hasta Manakru (una comunidad pemón), cerca de la frontera con Brasil. En el estado Bolívar hay escuelas de Fe y Alegría en plena selva, donde se preservan las culturas ancestrales. Nada de repetir errores de la conquista.
Se alegraría mucho de ver todo el esfuerzo que se está haciendo por el acompañamiento emocional; se sabe quiénes son “niños dejados atrás”, brindándoles atención especial para mitigar ese dolor de tener a sus padres fuera.
Le encantaría conocer los proyectos de relación con la comunidad, pues para él las alianzas eran muy importantes y no se trata únicamente de proyectos para resolver algún problema del entorno; se trata de ser sensibles ante el sufrimiento de los vecinos y que los alumnos crezcan con esa sensibilidad. Como un detalle, por ejemplo, la escuela “María Luisa Tubores” de Fe y Alegría ubicada en un barrio muy pobre del estado Nueva Esparta, donde, además de las actividades propias de un aniversario más, cantar el cumpleaños, recordar el nacimiento de nuestro Movimiento, un grupo de alumnos fue a llevar comida a una vecina, sufriendo soledad y mucha necesidad. ¡Qué bonito! O el detalle del núcleo rural “El Pao” (en el estado Bolívar), donde suspendieron la celebración de aniversario porque había unos cuantos alumnos con esa gripe fuerte que está dando, ¡con torta incluida, para cuando esos niños y niñas mejoren y puedan participar!
En esta misma relación de sensibilidad y construcción de la sociedad fraterna, además de la importancia de innovar para responder a las necesidades del país, se inscribe el programa Familias Promotoras de Paz, impulsado por el Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín, para dar herramientas a padres y madres para enfrentar diversos tipos de violencia.
Por supuesto, José María estaría feliz de ver nuestros institutos universitarios, 5 en el país, con calidad en la educación que se imparte, con muchas actividades para brindar una formación integral, para que esos jóvenes se sientan acompañados.
La educación en y para el trabajo fue siempre para él un elemento muy importante. Celebraría esas propuestas de emprendimiento que los alumnos de los últimos años de bachillerato son capaces de hacer, gracias a las herramientas que les dan y a los aportes del Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín que les ofrecen. “¡Atreverse!” es una buena consigna.
En esta misma línea de formación para el trabajo, le complacería ver el programa Capacitación, que brinda cursos cortos, a distancia o de manera presencial, a esos jóvenes que no han podido seguir en la universidad, pero que quieren trabajar de manera digna.
La red de emisoras, 22 en todo el país, siendo voz de muchos ciudadanos que no tienen voz, emisoras que anuncian y denuncian. Ser portavoz de buenas noticias de esas iniciativas que también surgen en esta Venezuela complicada, con muchas angustias, pero también con fuerza para construir una sociedad más justa y fraterna. Emisoras que acompañan a vecinos, como lo hace “El cardenal de las comunidades” en la emisora de Barquisimeto, por poner un ejemplo.
Le complacería mucho el lema de este año, vinculado al cuidado de la casa común, pues José María fue un gran ecologista. Recordemos unos versos del mencionado poema Testamento: “Anhelo integrar en un solo valor/ la selva, los talleres y los libros,/ los maestros y los consejeros,/ la fe, el paisaje y la oración//
Y podríamos seguir hablando de cómo se ha multiplicado la herencia de nuestro fundador.
“¿Hasta dónde podrán volar el ingenio, la ilusión y los anhelos?” Así se pregunta en su Testamento. Seguro que nos diría que recuperemos esos millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que están fuera de las aulas; igualmente nos hablaría de la necesidad de seguir luchando para que los educadores tengan salarios dignos…
Tenemos que seguir soñando, anhelando. Sabemos que el padre José María daría las gracias a quienes han apoyado a Fe y Alegría y a todos los que pertenecen a esta gran familia.



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