Si nos ponemos a buscar escenas cotidianas que evidencien ausencia de ciudadanía en Venezuela, se nos agotaría el papel que, por cierto, está bien escaso en estos tiempos. Sólo piense usted en la basura acumulada en alguna calle de cualquier ciudad. Pensemos también en el ejército de motorizados circulando por las calles sin respetar las señales de tránsito, colocando en peligro a los peatones.
Se aprende a ser ciudadano. Nadie nace conociendo sus deberes y derechos, ni tampoco con conciencia ciudadana, ni se crece trabajando por el “bien común” de manera espontánea. Me imagino que serán pocas las personas que conocen a quienes decidieron, en el año 2002, cear una “Aula abierta al ciudadano”, en Barquisimeto. Es una experiencia interesante, digna de prolongados aplausos en un país cansado de malas noticias que vive entre la escasez, la inflación y la violencia de todo tipo. Les hago el resumen.
Magaly y Héctor, profesores “jubilosos”, como le gusta a ella decir para aclarar que estar jubilados no los ha llevado a quedarse en su casa chateando, unieron sus energías a las de Marco Tulio, Mariela, Raúl, Elizabeth, Julita y otros más, incluyendo instituciones emblemáticas de esa ciudad como la Fundación de Amigos de Barquisimeto y el Rotary Club. Todos ellos pusieron en común sus preocupaciones y aspiraciones colectivas. ¿El resultado? Decidieron crear el Aula.
Es una alianza para desarrollar cosas buenas donde, aunque nadie cobra, , todos ganan. Profesionales de diversas áreas cooperan en el Aula, ofreciendo una “clase” al mes a los barquisimetanos, donde los alumnos son, en su mayoría, profesionales en ejercicio, profesores jubilados, amigos de amigos: se pasan la voz, asisten a la clase y discuten sobre un determinado tema. Antes se reunían en la zona este de la ciudad, pero, ahora lo hacen en el oeste.
El mes pasado fui invitada a esa Aula. Hablé sobre “Paz y ciudadanía: la ciudadanía en clave de humor”. Fue sorprendente ver a más de un centenar de personas reunidas un sábado en la mañana para conversar: estuvimos desde las 9.30 am hasta las 12m, pues la gente se queda conversando y haciendo nuevos planes. Entre el púbico habían varios miembros de los Buscadores de Tesoros -del cual les hablaré en otra oportunidad-, una concejala, jubilados de la UCLA con deseos hacer algo por la ciudad… Todos habían dejado su turno en la cola para comprar café y papel, para sumar esperanza y restar angustias y desánimo. Hay que decir que el salón lo cede “de panita” un hotel del oeste, es decir, sin cobrar alquiler y esto tampoco es cuento. ¡Es verdad!
Magaly, “la jubilosa”, abre la actividad presentando al ponente de turno y cierra luego de las intervenciones, recordando las próximas actividades: “Innovación educativa y responsabilidad social universitaria”, “Modelar y educar”, “La ciudad y el ciudadano”, “Trastornos de ansiedad”, “La familia: recurso para la salud integral” entre otros temas. Desfilarán médicos, psicólogos, políticos, educadores… El principio que les anima es que de mejores personas saldrán ciudadanos. No olvidemos que la violencia aísla a las personas y actividades como estas ayudan a reconstruir el tejido social necesario para enfrentarla y permitir ara surjan buenas ideas.
Me parece que estas iniciativas deben conocerse. Nos recuerda que hay una Venezuela que persevera, que supera el “muro de los lamentos” y escribe “el muro de las soluciones”, de los venezolanos y venezolanas decididas a quedarse, que no están esperando conejos blancos que salgan del sombrero del mago, sino que trabajan para lograr lo que parece imposible.
Luisa Pernalete
@ luisaconpaz


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