Ayudar a cargar la cruz

Hagamos las Paces

En la actualidad en nuestro país hay mucha gente viviendo un permanente Vía crucis. Existen unas cruces más llevaderas que otras, mientras otras son demasiado pesadas. Muchos están muriendo en el camino. Hay quienes ven pasar a los que sufren y les parece “normal”, hasta lo justifican. Otros se asombran, pero, hasta ahí llegan. “Pobrecitos”, dicen. También están aquellos que deciden ayudar a los que sufren. Sobre ellos escribo.

Estoy pensando en la vecina de la señora Josefina, en Maracaibo. Ella consiguió un trabajo temporal en una camaronera. “Pagan en efectivo”, comentó. Eso significa que podrá comprar alimentos en la calle a la mitad del precio de lo que paga “con punto”. Eso sí, el horario es de 6am a 3pm. Como su hijita no tiene clases por Semana Santa, su vecina se ofreció a quedarse con la pequeña. “Usted también, Josefina, se quedó con la mía cuando tuve la otra con dengue”. Cruces compartidas.

Hace unos días presencié en una farmacia de Barquisimeto cuando un joven pidió una medicina para su madre hospitalizada. Había el medicamento, pero le faltaban más de cien mil bolívares para adquirirla. La pareja que estaba al lado, al observar la situación, dijeron que ellos la pagarían completo. Aliviaron el peso de la doble cruz del joven: la de su madre enferma y la de él, urgido por el dolor de ella. También supe que la señora Ana, quien trabaja limpiando en una casa de familia desde hace años, tuvo su medicina para los riñones gracias a la señora Lulú, la dueña de la vivienda. Ignoro cuántas farmacias habrá visitado hasta que la encontró y la compró.

El padre José Luis, de la parroquia La Consolación de Barquisimeto, felicitó a sus feligreses porque gracias a los aportes del “kilo de amor”, iban a poder duplicar las “ollas solidarias” los sábados en las dos capillas ubicadas en zonas populares. “Los organizadores dicen que en vez de un sábado serán dos en cada comunidad”. Sí, ya sé que con eso no curan la desnutrición, pero ayudan a cargar la cruz de unas familias que se sienten abandonadas por las autoridades. ¡Saben que hay otros hermanos dándoles la mano! “Ollas solidarias” hay en muchas parroquias del país. Unos dan poco, otros dan mucho, muchos aportan su trabajo. No hay agendas ocultas.

En el año 1999 la Diócesis creó, en Ciudad Guayana, la Fundación “Me diste de comer”. Comenzó en la Parroquia Unare y luego pasó a otras. Mi “comadre” Carmen Emilia, coopera desde el 2006 con “Me diste de comer” en su parroquia, la San Martín de Porres, en San Félix, en la comunidad “Brisas del Sur”. Ahí atienden a más de 80 personas, entre niños y adultos que no tienen que comer. “Yo estoy muy enamorada de esta gran obra de amor” –me dijo hace unos días-, “los recursos vienen de la Divina Providencia. Hay personas de buena voluntad como gente de las ferias de las hortalizas; hay fieles que donan granos, harina, cositas…”. Hay que apuntar que “Brisas del Sur” es una zona popular. Hay muchas cruces ahí, pero también muchos que ayudan a cargarlas.

Las Madres Promotoras de Paz de la escuela de Fe y Alegría de la comunidad de la Sabaneta, en Juan Griego (estado Nueva Esparta) ayudan también a cargar la cruz de niños desnutridos. “Asisten todos los días a la casa parroquial a recibir su almuerzo. Por ahora van los 11 con casos más graves. Los atiende una pediatra amiga de la escuela, voluntaria. Las Madres del grupos se encargan de llevar a los muchachos, esperan que coman y sean atendidos, y los traen de regreso al colegio”, comenta la directora Belkys. Todo eso es a pie, pues ninguna mamá de ese grupo tiene carro. La parroquia está en el centro de Juan Griego y la escuela queda en la periferia. De paso, para esta ayuda solidaria se han unido católicos y evangélicos. Estos últimos donaron las medicinas para los niños con defensas bajas. Y aunque en Semana Santa no hay clases, ¡sigue el programa de alimentación! No me sorprende el rostro de la directora sabiendo lo que pesan las cruces, pero, animada por la ayuda generosas de las Madres que se vuelven Comadres.

No se me olviden los de siempre, los que no se cansan: sacerdotes, religiosas, médicos que están trabajando haciendo malabarismos, las maestras que guardan lápices para los niños que no llevan y ese montón de personas que trabajan defendiendo los derechos humanos de otros. La lista es larga: Feliciano, Rafael, Marino, Ligia, Francisco, los compañeros de la REDHNNA… Ni preguntan quién carga la cruz o cuánto pesa.

Estoy pensando que ayudar a cargar la cruz es una manera de favorecer la Resurrección, pues los niños que comen en la parroquia, la vecina que pudo ir a trabajar gracias a la señora que vive al lado, el señor que recibió la generosidad de un desconocido para la medicina de su madre, resucitaron con esas acciones. Por todas esas acciones, por todos esos brazos que ayudan a cargar cruces, doy gracias a Dios en esta Semana Santa.

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