
A veces la gente se pregunta para qué sirven esos días internacionales. Pues sirven para poner sobre la palestra temas que suelen pasar desapercibidos, especialmente en estos tiempos de pandemia mundial y de emergencia humanitaria compleja en Venezuela, en los que podemos estar abrumados por tantas urgencias. Entonces hay que recordar otras cosas de las que debemos preocuparnos y ocuparnos, como este del Día Internacional de la Paz, decretado por la ONU en 1981 y luego, por unanimidad en el 2001, Día de la No Violencia y Cese al Fuego. O sea, nos hace mirar en la necesidad de vivir en paz. Eso se celebra cada 21 de septiembre.
Este año el lema es “Forjando la paz juntos”. En marzo, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, refiriéndose a la amenaza del Covid19, invitó a dejar las armas y unir esfuerzos ante la pandemia. Y recordando que la ONU está cumpliendo 75 años de creada, se pide fomentar el diálogo y recolectar ideas.
¿Necesitamos paz en el mundo? Pensemos que hoy existen conflictos bélicos abiertos en naciones como Siria, que generan mucho sufrimiento y que lleva años desangrándola, pero también hay ausencia de paz en otros países africanos. Sin embargo, creo que no debemos pensar sólo en conflictos bélicos: hay falta de paz que tienen otras causas y que generan violencia en diversos ámbitos por ejemplo, en los hogares, donde la mala convivencia y la violencia intrafamiliar ha crecido con el confinamiento por la cuarentena o las agresiones en la calle por la falta de respeto a las normas del tránsito. Y de eso, entre otras, sí que sabemos en Venezuela.
El lema de este año, “Forjando la paz juntos”, nos puede servir a los venezolanos para peguntarnos si podemos y debemos hacer algo o mucho, por tener paz entre nosotros.
Pensemos en ciertos aspectos como las redes sociales. Medio mundo insultando a la otra mitad. ¡Qué beligerancia verbal! Agresiones, descalificaciones entre gente que se supone están de acuerdo, por ejemplo, por un cambio de gobierno porque este nos hace infelices, por decir lo menos, o simplemente cuando se expresa un descuerdo de opiniones. ¡Qué manera de expresar esa discrepancia! Nos vendría bien un curso de habilidades sociales y aprender a presentar una queja o una opinión distinta a la del otro sin que ello suponga descalificarlo.
Pensemos también en la violencia intrafamiliar que, como ya apuntábamos según expertos, ha crecido en los hogares debido al manejo inadecuado de las emociones en esta cuarentena prolongada, entre otras causas. También se aprende a administrar las emociones. No se trata de reprimir emociones, sino de saberlas administrar. ¡Cuánto dolor no genera la ira desbocada! La rabia puede ser un elemento que nos impulsa a una acción; no toda rabia es mala pero, como la electricidad que nos sirve para muchas cosas útiles en esta vida moderna, cuando hay un corto circuito puede matar, porque es una fuerza que opera sin control. Así es la ira descontrolada: puede provocar muertes.
Para hacer las paces, hay que reconocer que tenemos un problema, hay que tener herramientas y voluntad para hacer la paz con el otro. Y créanlo: es posible llevarse mejor con los demás.
Claro que aquí en Venezuela seguimos teniendo un problema serio de violencia delincuencial que genera víctimas, muchas víctimas cada año. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en el 2019 hubo 16506 muertes violentas, de esos 6588 fueron por homicidios, 5286 por “resistencia a la autoridad” y 4632 “muertes en averiguación”. O sea, que no sólo los delincuentes generan víctimas. De parte de los uniformados también hay muertes violentas. La sociedad esperaría un desenvolvimiento de la autoridad que respetara los DDHH de los ciudadanos. Recomiendo la lectura del informe dado a conocer este 16 de septiembre de la Misión para la Determinación de los Hechos de la ONU sobre violaciones de Derechos Humanos en nuestro país, donde se habla de crímenes de lesa humanidad y digan si no tenemos que exigir justicia y trato respetuoso, por decir lo mínimo.
Es posible que la ONU no se refiriese a este tipo de paz, la interpersonal y la social, sin embargo nosotros no podemos mirar al otro lado como si solo la falta gasolina y la inflación estuvieran afectando nuestro derecho a vivir en paz.
Que el Día Internacional de la Paz nos haga aspirar a ese derecho y a trabajar por él.



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