Hay que cuidar a los cuidadores

 Sumario. Hay gente que cuida de otros: médicos, enfermeras, educadores, padres y madres, principalmente. En esta cuarentena prolongada, es necesario cuidarlos para que puedan seguir ocupándose de los demás. Sobre ese cuidado escribo consejos para el autocuidado y responsabilidades con esos cuidadores.

Victoria estaba pequeña, tendría unos 5 años. Cuando su madrina la visitaba, jugaban a las “vecinas”. Ella le llevaba su muñeca en el coche a la “vecina” y le daba este recado: “Vecina, me cuida a mi hijita. Le da su medicina y su merienda”. Daba una vuelta y regresaba: “¿Cómo se portó? ¿Se tomó la medicina? ¡Muchas gracias, vecina!” Victoria cuidaba a su hija-muñeca y buscaba ayuda en gente de confianza. Cuidaba, daba agracias a su vecina, que hacía de cuidadora temporal.

Esta anécdota real me sirve de introducción para estas líneas sobre la importancia y necesidad de “cuidar a los cuidadores”, a ese sector de la sociedad que cuida de otros. Me refiero a los que trabajan en centros de salud -médicos, enfermeras y todo el personal- , hablo de los educadores y también de los padres de familia. Podríamos incluir también a los sacerdotes y religiosas. Hay que valorarlos y cuidarlos, porque son muy importantes.

Empecemos por el personal que labora en hospitales y afines. Durante esta  pandemia han estado en primera fila curando a la población y no sólo por el coronavirus, que en los actuales momentos es la prioridad. Aunque parezca obvio, lo repetimos requieren de equipos de bioseguridad para evitar el contagio, servicios en los centros (agua, electricidad) y también de salarios decentes, para que se puedan ocupar de los pacientes sin estar pensando en cómo mantendrán a la familia. De su cuidado depende mucha gente. Es responsabilidad del Estado cuidarles, sin embargo es bueno mencionar que hay ONGs que han estado cooperando con ellos, como Médicos Unidos, también mencionemos a “Prepara Familia”, que hace cosas lindas para apoyar al personal del JM de Los Ríos, por dar algunos ejemplos, pero es el Estado quien tiene la última y máxima responsabilidad.

En cuanto a los padres de familia, y los educadores, les digo lo siguiente: hay que autocuidarse. Nuestra salud mental, en realidad la de toda la población, está siendo afectada por la situación, no sólo por la pandemia -todos corremos el riesgo de ser contagiados y todos conocemos alguna persona que ha sido víctima del Covid19- y a la pandemia se le añade la situación venezolana de antes de la cuarentena, con su emergencia humanitaria compleja, con el agravamiento de muchos aspectos en estos últimos meses (la escasez de combustible, los apagones cada vez más frecuentes que alteran nuestra cotidianidad, la falta de gas y de agua, sólo por mencionar algunos) que generan un estrés continuo. Quiero recordar que no podemos seguir acumulando cortisol, esa sustancia que genera nuestro organismo cuando estamos estresados. Un poco de estrés no siempre es malo, pero cuando es permanente, nos daña la salud mental y la física también. Así que hay que aprender a:  relajarnos durante el día, respirar profundo, hacer ejercicio físico, no encadenarnos con noticieros y redes sociales cargados de malas noticias, arreglarnos y alabarnos… Conviene sonreír y reírnos. Una amiga mía suele mandar en las tardes -por wasap- «la dosis diaria de risa” a sus amistades, y ¡hay que ver cómo se lo agradecen! Practicar el buen humor, pues, que usted debe saber, se puede enseñar y se aprende. Estar ocupados, pero no recargados, para ello, saber decir que no, de vez en cuando… Ayuda también escuchar música suave, bailar aunque sea con uno mismo…

Si nos ocupamos de nosotros, podemos ayudar a otros. De lo contrario terminaremos seguramente, como mínimo, dando malas respuestas a quienes se nos acerquen, o poniendo mala cara a los que nos rodean y pagando con ellos nuestras angustias y emociones desbordadas. Administrar las emociones, no reprimirlas, pero si administrarlas para que no nos dañen y no dañar a otros.

Algo que también recomiendo y que a mí me ayuda mucho, es ver con los dos ojos: con uno los dramas y con el otro las velitas en medio del apagón. Las cosas buenas que pasan a nuestro alrededor, difundir buenas noticias por pequeñas que sean, saber valorar lo bueno que hacen otros y decirlo en lo posible, eso nos cuida porque cultiva la esperanza. Le invito a ser miembro de la Asociación de la Alabanza Mutua, (AAM) que tiene como principio, “alabaos los unos a los otros”. Alabar, no adular. ¿Qué le parece? ¿Se anima?

Antes de pasar a los educadores, creo que también hay que cuidar a los sacerdotes y a las religiosas, pues cuidan de mucha gente. También merecen reconocimiento de vez en cuando, que preguntemos cómo se sienten, que nos acordemos de sus cumpleaños, por ejemplo, que les expresemos nuestro cariño: igualmente ellos se cansan.

Un consejo especial para los educadores. Me temo que por falta de experiencia en esto de la educación a distancia, se sigue sin explicar suficientemente lo que se quiere enseñar y recargando de “tareas” a los estudiantes -los que han tenido la posibilidad de empezar este difícil año escolar- generando entonces estrés en los niños, niñas y adolescentes y también en sus padres, que pasan el día ayudando o haciendo tareas. Recuerden que más tareas no significa más aprendizaje. Recuerden que educación a distancia no es lo mismo que la educación presencial, pero, ahora sea por zoom o por wasap, la escuela no puede ser un factor más de estrés para las familias. No es de extrañar que tantos padres estén desconfiando de la educación a distancia. Según dice una reciente investigación de CECODAP, el 72% de los encuestados no confía en esa modalidad.

Un recuerdo más sobre la necesidad de cuidar a los educadores, además de cuidarnos nosotros mismos y de trabajar en equipo, hay que insistir en la urgencia de dignificar su salario. No se puede seguir exigiendo actos de heroísmo permanentemente a los maestros, con salarios entre 2 y 6 dólares mensuales. La letra con hambre ni entra ni se enseña. Esos salarios miserables son para mantenerse deprimidos y si nos quedamos sin maestros, nos quedamos sin educación.

La cuarentena se va a prolongar. Cuidarnos, cuidar y exigir cuidado es necesario.