Los niños no tienen que pagar la cuenta

Hagamos las Paces

Niños sin vacunas. Niños sin desayuno. Sin maestras, ni creyones, sin padres a su lado y de paso, muchas veces, niños y niñas sin sonrisas ni abrazos porque los adultos podemos estar pagando nuestras rabias y angustias con ellos, que no tienen culpa alguna.

Más que insistir en esta ocasión sobre esa infancia en orfandad, muy bien descrita este 25 de abril por la REDHNNA, quisiera hacer unas recomendaciones sobre qué podemos hacer para mitigar dicha orfandad.

Seguro que usted tiene un hijo, una nieta, unos sobrinos, alumnos, ahijados, vecinitos; seguro que ve niños y niñas cuando va en el autobús o en la cola del supermercado. Todos tenemos a nuestro lado algún NNA -no olvidemos a los adolescentes- a quienes podemos ayudar a reducir su orfandad.

Lo primero es reconocer que la situación es grave: nunca habíamos vivido esta suma de problemas. Hay autoridades que se niegan a llamar las cosas por su nombre, pero no les hablo a ellas, le hablo a usted. ¡Esto nunca lo habíamos vivido! Si lo hace consciente, podrá enfrentarlo mejor. No se trata de pasarnos el día quejándonos, sino de reconocer a situación y recordar que los niños no son los responsables.

Lo segundo entonces es relajarnos y ayudarlos a relajarse. Relajarnos, calmarnos, respirar profundo, escuchar música suave… Alterados no haremos más que agravar el estado de ánimo de ellos. Baile un rato, así sea en solitario. Contar hasta 10 o hasta 20 sigue siendo algo gratis, útil y fácil. Y créalo eso funciona, claro si usted ya ha reconocido que las cosas están mal, muy mal y, lo repito, los chamos no tienen por qué pagar los platos rotos. Sume a este paso, reír o, al menos, sonreír. Si les sonríe, esos NNA terminarán sonriendo también. Eche un chiste de vez en cuando. Esto es banalizar el tema, es darse fuerza y darle fuerza a ellos.

Lo tercero, una vez calmados, es recordarles que les queremos. Afortunadamente, decir “Te quiero mucho” es algo que madres, padres y maestros ya no nos da pena decirlo y se sabe lo importante que es, pero, hoy es fundamental recordárselos. Igual sucede con darles la bendición, esa costumbre venezolana tan bonita. “Dios te bendiga y te acompañe”, ¡qué hermoso es expresar esos buenos deseos! Por cierto una maestra que se fue a República Dominicana me comentaba que le llamó la atención que allá no se da la bendición. Eso es parte de nuestra cultura.

Lo cuarto es reflexionar con ellos lo que les va pasando. No es darle una charla sobre la hiperinflación, pero si preguntarles cómo se están sintiendo; es estar atentos a sus cambios de ánimo. Al llegar a clase, si es que pueden llegar, averigua cómo se sienten, qué cosa bonita les pasó el fin de semana o no les gustó. Igual al llegar a la casa: ¿cómo les fue en el colegio? Cambie la tradicional pregunta de “¿todo bien?”, porque responder sobre “el todo” es más complicado; en cambio, preguntar qué les alegró, qué les puso tristes o les dio rabia es más fácil y de paso comprenderán que la vida es como las cebras: aunque parezcan idénticas, todas tienen franjas distintas. Si una compañerita se fue a otra parte o si el papá se fue a otro país… o si no hay dinero para caramelos -¡hoy un caramelo puede costar 5.000 Bs.!- hay que explicar por qué no podemos comprar chucherías como antes.

No olvide la r de reclamar. Si, reclamar a las autoridades sus obligaciones. Usted no tiene que liderizar los reclamos, puede unirse a otras iniciativas, como en el caso del comunicado de Prepara Familia a favor de las madres de pacientes del hospital “JM de Los Ríos”, la cual logró 117 adhesiones. Eso también ayuda y anima.

 

Luisa Pernalete

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