
“Así fue, maestra. El Ministerio llevó más de mil morrales escolares para escuelas de la Alta Guajira, pero allá están, guardados, pues en cuatro escuelas que yo conozco no hay alumnos. No hay niños que los reciban”. Eso me contó una wayúu hace una semana. Conozco la Alta Guajira: en 1992 ayudé a fundar una escuela de Fe y Alegría en la comunidad de Cojoro; por cierto, ¡era la primera escuela, después de 500 años de aquel 12 de octubre, que brindaría educación hasta 6to grado! Los wayúu valoran esa escuela. En la península, los wayúu se sienten y consideran wayúu: no son ni venezolanos ni colombianos, ¡son wayúu! Esa es su identidad. Así ha sido desde que son pueblo. Las fronteras que les dividen son cosas de los alijunas, es decir, de nosotros, los criollos.
Y volvamos nuevamente al hoy. “Dicen que los niños de la zona están yendo a escuelas de Colombia. Los aceptan sin problemas y además, tienen desayuno: les dan leche…” -dice la señora con rostro de admiración- “¡les dan leche!”
Pero no sólo se trata de las escuelas da la Alta Guajira las que están sin alumnos. En la primera semana de noviembre hubo una reunión en Guarero (Media Guajira). Asistieron muchos padres y representantes de 9 centros educativos de este sector preocupados por la ola de inseguridad que está afectando a varias comunidades indígenas de la península. Representantes y directivos de las escuelas que conforman el Circuito Educativo 8 realizaron una asamblea y tomaron la decisión de no enviar a sus hijos a las aulas hasta enero. Los asistentes exigían la presencia de las autoridades gubernamentales, del Ministerio del Poder Popular para la Educación, las del Ministerio de los Pueblos Indígenas, las Fuerzas Armadas, la alcaldía… “Tenemos temor por la vida de nuestros hijos”, manifestó una madre la cual, por su seguridad, prefirió no dar su nombre.
Nos cuentan que en la reunión participaron unos 500 padres de familia de 9 centros educativos. Entregarán informe a las autoridades. De manera que no se trata de una reunión clandestina. Simplemente dicen que tienen temor a los enfrentamientos de grupos armados. La vida de sus hijos les importa. Se refirieron a los enfrentamientos de grupos armados y hechos de violencia que se registraron el pasado 30 de octubre, al norte del estado Zulia, que dejó como saldo 3 personas fallecidas.
Una se queda impactada. En la frontera y en casi todo el país hay alcabalas por todos lados donde los uniformados retrasan el tiempo de traslado, pidiendo documentos a los pasajeros que viajamos en transporte público. A veces revisan cada equipaje; hasta una hora he estado yo en esas alcabalas. Entonces ¿por qué no pueden detectar ni detener las acciones de grupos armados? ¿Cuál es el resguardo de la “soberanía nacional” si ni siquiera los niños y las niñas pueden ir tranquilos a sus escuelas?
Una semana después, los organismos de seguridad GNB y la 13a Brigada de Infantería, acompañados de las autoridades municipales, prometieron hacer un operativo desde las 6 am hasta las 5 pm. Se reanudaron las clases, pero, con poca asistencia. “Soy docente de unas de esas escuelas. He pedido traslado a otro centro educativo más cerca de mi residencia, en otro sector, pues la verdad es que me da mucho miedo. Me duele dejar a mis alumnos, pero no veo garantizada mi seguridad”. Me comentó un señor que los niños y docentes están asistiendo casi obligados, pues los grupos violentos armados mantienen la pelea en la frontera.
El 20 de noviembre se celebra otro aniversario de la Convención Internacional de Derechos del Niño, de la cual el estado venezolano es signatario, o sea, que hay obligaciones de su parte de cumplir con lo establecido en ella. Y el derecho a la educación está contemplado en la CDN (Art. 28), también en la CRBV vigente (Arts. 102 y 103) y en la LOPNNA (Art. 53). Sería un buen gesto que las autoridades establecieran un plan de protección integral a NNA y que no fueran únicamente operativos de vigilancia.
Es verdad que el tema de los “morrales sin destino” no es un drama sólo de La Guajira. En el municipio San Francisco, por dar otro ejemplo, un liceo público cerró el turno de la tarde por falta de alumnos y concentró en la mañana a todos sus estudiantes. ¡Eso realmente está pasando! Mientras más lejos de Caracas, más invisibles son los dramas y por eso la imperiosa necesidad de poner sobre la palestra este caso de La Guajira.
Luisa Pernalete



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