Cuando uno se acostumbra a algo y eso se vuelve cultura, no se reacciona, porque le parece “normal”. Si usted creció escuchando gritos en su casa y luego le gritan en la escuela o en el autobús no se quejará porque “es normal”: se acostumbró a eso. Yo voy a enumerar escenas que estoy viendo o escuchando a diario, pero, que no me acostumbro a que sean “normales”.
No me acostumbro a ver ni a hacer colas para comprar “el pan nuestro de cada día”, ni para el café o el papel sanitario y los otros etc. que ya conocemos. ¡No me acostumbro a que las colas sean parte de mi agenda diaria! No se trata de nuevas medidas o de atacar a “bachaqueros”, de lo que se trata es de reactivar el aparato productivo y eso no aparece.
No me acostumbro a ver basura por todos lados y, lo peor, es ver gente, a veces muy joven, hurgando en esa basura y comiéndose con desespero lo que han conseguido. No me acostumbro a esa escena en la esquina que está frente al Ministerio del Poder Popular para la Educación -¡así es, señor Ministro!-, que es esquina también de la plaza que está al lado del Banco Central. ¡Eso no puede ser normal! Mucho menos cuando en este país se gasta dinero en armas y en otros bienes prescindibles.
No me acostumbro, en la misma línea de lo anterior, a que mis “comadres” me digan que no mandaron a las niñas, mis ahijadas, a la escuela porque no tienen para la merienda. ¡Ni alimento ni educación! Y no son indigentes. Son madres preocupadas, responsables. Eso en un país donde las leyes establecen que los niños, niñas y adolescentes son “Prioridad absoluta”, mientras hay dinero para movilizaciones, franelas y viajes. ¡No me acostumbro!
No me acostumbro a ver motorizados mandando en calles y aceras, transitando en contra vía arriesgando a los que caminamos; motorizados robando impunemente. No me acostumbro que la calle, donde nos encontramos todos, sea un lugar sin ley.
No me acostumbro a que no pueda hacer presupuesto ni para una semana. Lo que el lunes compré a mil, el viernes me cuesta mil quinientos. Mientras el Banco Central no da cifras de inflación o las da tan tarde y tan poco confiables que no hay manera de que uno pueda prever. ¿Hay economistas en el gobierno? ¿No podrían consultar con los economistas de Evo o de Correa e investigar cómo lo están haciendo ellos? No se trata de controlar posibles terremotos o aguaceros, sino de la inflación, que si es controlable.
No me acostumbro a ver funcionarios uniformados portando armas largas en cualquier situación: colas, supermercados, farmacias,… uniformados dando órdenes a civiles en un país civil no militar “(¿no es así, Melanio?)
No me acostumbro que haya gente que me insulte por televisión y, mucho menos, si quien me insulta es, en teoría, un “servidor público”. Tampoco me acostumbro a las groserías en cadenas; no crecí oyendo insultos en mi casa y hay muchas palabras en el diccionario como para estar usando de comodín, eso que se comúnmente llamamos “groserías”.
En fin, no me acostumbro y no me quiero acostumbrar a todo eso, porque sé que si posible convivir de otra manera. Yo me merezco otro trato y los venezolanos nos merecemos otras costumbres.
Luisa Pernalete
Ciudadana de “buenas costumbres”


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