Obras son amores y no buenos discursos

Hagamos las Paces

En estos momentos en Venezuela más que mirar las palabras hay que mirar “las obras”, porque las palabras están devaluadas, a la par que el bolívar, o porque hay una especie de disociación, a veces lo que se dice no tiene nada que ver con lo que se hace o lo que se ve. Aquí algunos ejemplos:
1. “Venezuela es una potencia gasífera”. Pero yo conozco a la señora Doris, de San Félix, que lleva tiempo cocinando con leña porque… gas no hay y conozco también mucha gente que ha comprado hornillas eléctricas para enfrentar la escasez de gas doméstico. Entonces somos una “potencia” sin poder.
2. “En Venezuela no hay hambre”. ¿Recuerdan quién dijo esto en agosto? Además hay avisos en las autopistas: “Venezuela: Soberanía alimentaria”, aunque en la vida real… Tenemos datos, como los que Cáritas está desgranando mes a mes. Menciono algunos: los registros del último semestre del 2016, indican que los niveles de desnutrición aguda en niños menores de 5 años está en 9%, pero, en estados como Vargas y Zulia, están en 15% y 12% respectivamente. Además, cada quien tiene su página de dramas: la dieta obligada que tiene a todos rebajando, las madres dejando de comer para que sus hijos lo hagan, las inasistencias a la escuela por no tener nada para comer, los jóvenes comiendo de la basura en la calle…
3. Hay un viceministerio de la Suprema Felicidad que debe tener mucho trabajo. ¿Conoce usted a venezolanos supremamente felices? Los niños no pueden soñar con caramelos porque no se pueden comprar; las madres no celebran cumpleaños a sus hijos porque no pueden hacerle una tortica; en los aeropuertos se repiten las escenas de padres despidiendo a sus hijos que buscan horizontes que aquí no encuentran; no hablemos de los familiares de las víctimas de violencia política y delincuencial… en fin, ese viceministerio no se ve qué hace, aunque se llame de la “Suprema felicidad”.
4. Con la OLHP se pacificará el país. La OLHP es tal vez uno de los más grandes ejemplos de distancia, por decirlo de manera fina, entre lo que se dice y lo que se hace. Las operaciones de la OLP -ahora con H de humanitaria- sólo dejan una esquela de violaciones al debido proceso, de muertes, de terror entre las personas que viven en esas comunidades.
5. Se creó una Comisión Presidencial para el Desarme, pero según datos de Ministerio Público el 86, 6% de las muertes violentas en el país fueron por armas de fuego. ¿Quién se desarmó? ¿Ya no se acuerdan cuando NM dijo que daba 72 horas a las grandes bandas para que entregaran las armas, ¿se entregó alguna? Disculpen, les debo la cita, porque la frase y la expresión feroz no la olvido.
6. ¿Que tal el derecho a la información oportuna y veraz y nos obligan a un promedio de 4 cadenas diarias que le quitan a usted el derecho a escuchar lo que quiere? ¿Cómo podemos ejercer ese derecho cuando nos quitan canales de las cableras –además a media noche– porque al gobierno no le gustan esos canales? ¿Derecho a la información y van 49 emisoras cerradas en lo que va del año? ¿Qué decir de los periódicos que ya no tienen ediciones impresas porque solamente hay papel para unos?
5. “Fue una victoria contundente, votaron 8 millones el 30J”. Pese a que Juliana, Juan Gregorio y muchos otros, dicen que ellos no vieron a nadie o casi nadie haciendo cola en sus comunidades.
6. “Queremos diálogo…. ¡así sea a la fuerza!” ¿Qué tal? “Es como una violación”, me dijo la señora del puesto de la esquina. “Señora: Eso es como decir: ¡quiero sexo a la fuerza! ¿Le parece que esa es forma de invitar a un diálogo?”. Tiene razón.
7. “La Asamblea Nacional Constituyente quiere la reconciliación, la paz” . Pero decreta que quien proteste va preso, que para ser candidatos se requiere un certificado de Buena Conducta de la ANC –suena a Edad Media–… sin más comentarios.
8. “El informe de derechos humanos de la ONU es una patraña más” dijo un funcionario a raíz de la publicación el 31 de agosto de la situación de DDHH en Venezuela, pero los detenidos siguen en “tumbas”, mandan a estudiantes al Penal del El Dorado, incomunican a detenidos. Los testimonios de torturas no son cuento. ¿Dónde está la patraña?
En fin, diga usted si en Venezuela podemos seguir la vida de los acontecimientos a través de los discursos o miramos más allá y nos fijamos en las obras.

Luisa Pernalete

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