Para convivir pacíficamente

Hagamos las Paces-Novedades

Sumario. El 21 de septiembre, por mandato de la Asamblea General de la ONU, se celebra el Día Internacional de laPaz, dedicado al fortalecimiento de los ideales de esta, pero no vamos a entender esta celebración solo como “ausencia de guerra”:   necesitamos aprender a convivir en paz en un mundo con mucha violencia. Necesitamos habilidades sociales, pensar antes de actuar, valorar la convivencia pacífica y promoverla. Sobre esas herramientas para la convivencia pacífica escribo.

Una vez, en un curso para Madres Promotoras de Paz, en Ciudad Guayana, una señora participante comentó que su esposo le había dicho que se inscribiera en todos los cursos que diera la escuela porque desde que estaba en ese de las Madres  no habían peleado más. Nos reímos y compartimos esa alegría de que la señora –habitante de un barrio muy violento– hubiese mejorado la convivencia en su hogar. Y es que los comportamientos violentos son aprendidos, por lo cual  se pueden desaprender con reflexión y herramientas adecuadas. Ser pacífico no es ser pasivo  sino, entre otras cosas, es poder resolver conflictos pacíficamente.

Desde 1981 la Asamblea General de la ONU  declaró el 21 de septiembre como   Día Internacional de la Paz, dedicado al fortalecimiento de ideales de paz, deponer armas. Las guerras, en mi opinión, sólo favorecen a los vendedores de armas. Pero no sólo hay que ver la paz como ausencia de guerra, hay que verla también como convivencia fraterna, es así como la vemos en esta columna, sin quitar que nos duele el sufrimiento de esos pueblos, como el de Ucrania, o Siria, con conflictos bélicos abiertos.

Para convivir en paz, desaprender comportamientos violentos, necesitamos valorar el vivir en paz. Esto no significa que no vayamos a tener conflictos, diferencias con el otro; es que saber que se vive mejor sin gritos, ni insultos, ni golpes y que las diferencias o los conflictos que vayan surgiendo en la cotidianidad (ya sea en el hogar, en la escuela, en la comunidad, en el país) se pueden resolver, de manera pacífica. No se trata de reprimir rabias, sino de saber administrarlas;  no se trata de “aguantar” malos tratos (todos tener derecho al respeto), sino de saber reclamar, siendo coherente con lo que queremos: convivir en paz.

Las habilidades sociales para la convivencia pacífica comienzan por estar en paz con nosotros mismos, reconocer cómo nos estamos sintiendo, de manera tal que no le echemos   a otros nuestros “rollos”. Si usted tiene angustia porque no le alcanzan sus ingresos para hacer mercado, no culpe al cajero del supermercado, por ejemplo. Está también la habilidad de saludar, no es solo una “norma de cortesía”, es también una manera de decirle al otro que tiene importancia para usted, que se da cuenta que el otro existe. Ese saludo mañanero que a veces recibimos o mandamos por Whatsapp, tiene un peso para el que lo recibe. 

Está la habilidad de saber pedir una ayuda. Fuera de lo que se piensa, que es signo de debilidad, es más bien signo de inteligencia intrapersonal: si usted reconoce, con sabia humildad, que necesita una ayuda y que hay gente que puede hacerlo, ¡pídala! Eso de paso es darle valor a un saber del otro. Pero la mano también se puede extender para ofrecer una ayuda. Cuando detecte un requerimiento y se ofrece, hay que hacerlo asertivamente para que el otro lo vea como bueno.

Escuchar, una habilidad que es también un arte. Poner atención no sólo a lo que el otro dice con las palabras, sino también con los tonos y con los gestos. Según el experto en comunicación Lair Ribeiro, el tono de voz y el lenguaje corporal representan un 38% y un 55% respectivamente del poder para la comunicación. Si usted escucha, puede dialogar, intercambiar, comprender.

Saber reclamar, protestar es otra habilidad. Como anotamos arriba, merecemos respeto y hay que reclamar si nos irrespetan. Es una gran habilidad. Cuando alguien en la familia nos ha ofendido, nos calmamos primero y después le hablamos. “No me gustó nada lo que me dijiste ayer”… Hay que resolver esos conflictos, si se guardan, por algún lado explotan.

Saber alabar al otro. Reconozca lo bueno que hacen los demás. Eso eleva la autoestima del otro y también indica valoración.

Saber perdonar y saber pedir perdón. Son dos habilidades sociales muy importantes. De paso, el perdonar sana.

También es necesario saber pensar antes de actuar. Tener lo que llama Manuel Segura Morales SJ, pensamiento consecuencial (adelantar lo que puede suceder). ¿qué puede pasar si yo…? También es importante el pensamiento alternativo: ¿qué más puedo hacer yo en esta situación? Eso es un buen ejercicio. Y no se olvide del pensamiento causal, ese que le ayuda ver el por qué algo está mal o salió mal.

Créame, es posible mejorar nuestra convivencia.  Se requiere coherencia entre lo que usted piensa y lo que  hace. Como decía Gandhi, “Mi vida es mi mensaje”. Y no olvide que también en las redes sociales debemos practicar estas habilidades: no insulte ni descalifique cuando quiere opinar o denunciar algo, ¡no es necesario! Yo, por principio, no reenvío ni retuiteo insultos y descalificaciones.

Practique estas habilidades y me cuenta si se siente mejor con usted mismo y con los demás.

  Se me ocurre que estas habilidades y estos tipos de pensamiento  serían muy útiles también para los políticos venezolanos. ¿Qué opinan ustedes?

Luisa Pernalete

@luisaconpaz

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