“Maestra, mis hijos no vendrán hoy; pasamos la noche sin electricidad y con ese calor que hay, no pudieron dormir”. Eso me lo contó una maestra que le había dicho una mamá, pero estamos hablando de una situación que se está haciendo común en muchas escuelas y en unas cuantas ciudades. Apagones de 5, 6 y hasta 10 horas, como sucede en el estado Táchira, según me dijeron.
Para educar, un derecho fundamental muy importante, pues sin educación no hay presente ni futuro para los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, se requieren condiciones. Como esa de los servicios públicos, al menos agua, electricidad y transporte público. Incluso la LOPNNA lo establece como un derecho de los NNA en su artículo 30: Derecho a un nivel de vida adecuado, literal c. Vivienda digna, segura, higiénica y salubre, con acceso a servicios públicos esenciales. Agua y electricidad, mínimo.
Lo de los apagones también está afectando al personal: los maestros tienen que preparar clases, corregir tareas, exámenes, investigar, descansar… Sin electricidad, eso está difícil. Manejar tantas angustias adecuadamente todos los días…
Estuve durante 10 días en el estado Monagas, no de paseo sino de trabajo, ¡y en 8 días sufrí por esos apagones! Plan A, plan B y plan S, decía una maestra chistosa: sudar, sudar y sudar. Y ciertamente, seguían trabajando y sudando.
Lo de la falta de agua está siendo, igualmente, una tragedia en unas cuantas comunidades. Ya se sabe la situación de Cumaná: ¡más de 2 meses sin agua potable! También en Nueva Esparta: “Le he dicho a las mamás que manden a los hijos con la ropa que tengan, pues no pueden lavar los uniformes; la poca agua que pueden conseguir es para cocinar y, a veces, ni para eso”, me contaba la directora de la escuela de Fe y Alegría en ese estado. Es admirable la capacidad de resiliencia de muchos educadores y de directoras como esta que he citado.
Pensemos, de igual forma, en el tema de la importancia de un salario digno para el personal que trabaja en las escuelas. No nos cansamos de repetir que nuestra Constitución vigente dedica varios artículos al derecho fundamental de la educación. Recordemos el Art. 103, que dice, entre otras cosas, que “el Estado realizará una inversión prioritaria, de conformidad con las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas”. Y es supernecesario recordar el art. 91, según el cual “todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia sus necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”. ¿Puede un maestro de escuelas públicas o subsidiadas (como el caso de las de Fe y Alegría) cubrir sus necesidades fundamentales y las de su familia con el salario que gana?
Hay que detenernos en este aspecto fundamental para poder garantizar el derecho a la educación. Sepamos que los sueldos de los educadores venezolanos son los más bajos de toda América Latina, incluso más bajos que los de Haití (el país más pobre de AL) y de Cuba. Situación esta que se agrava por la alta inflación que padecemos en Venezuela. Los docentes que perseveran son verdaderos héroes; lo hacen por vocación, por amor a sus alumnos, pero no se puede pedir heroísmo todo el tiempo. Por ese salario indigno, muchos han renunciado a las aulas.
En este mes se dio una noticia que brindó esperanza a los que trabajan en educación: el bono de responsabilidad profesional para los educadores. Pero resulta que, al menos para los docentes de colegios afiliados a la AVEC, aún no llega. Con razón el padre José Gregorio Terán SJ, director nacional de Fe y Alegría, institución que, como se sabe, está en sectores populares, dijo que no lograba entender por qué razón a esos docentes de colegios afiliados a la AVEC no se les está pagando dicho bono. “Esos docentes –dijo el padre Terán– que dan lo mejor de sí, que planifican, que evalúan, que le ponen cuerpo y alma cinco días a la semana para educar a cientos de jóvenes, y por tanto merecen una respuesta oportuna por parte de las autoridades del Ministerio de Educación”.
Ciertamente, padre, cuesta entender esa falta de la respuesta oportuna para esos docentes. Muchos salen de sus escuelas y, en otro turno, dan tareas dirigidas, hacen tortas, se las ingenian para conseguir recursos extras, alimentar a sus familias y, además, poner creatividad en sus clases y tener a sus alumnos felices por estar estudiando. Seguro que usted conoce muchos casos de maestros haciendo malabarismos para no abandonar las aulas.
Hay que recordar que necesitamos locales dignos para educar, pero, sin embargo, algo que suelo repetir: Fe y Alegría ha fundado escuelas que al principio funcionaban en locales prestados, casas de familias… Pero todas ellas con maestros. Sin maestros no hay escuela, ni educación posible, ni presencial ni a distancia.
Y, finalmente, Venezuela está en un momento de “transición”. Queremos un mejor país, más humano, más digno para todos: ese país necesita de una educación de calidad… Requerimos condiciones para ello. “Moral y luces son nuestra primera necesidad”, escribió Simón Bolívar.