Si yo fuera a México

Siguen las conversaciones en México entre representantes del gobierno y un sector de la oposición. Si yo pudiera estar en esa mesa ¿qué haría?, ¿qué diría?  Hago ese ejercicio imaginario y lo comparto. 

En primer lugar, le pediría al Espíritu Santo que me iluminara, pues uno no va a esas rondas a título personal;  por el contrario, va sabiendo que hay gente en Venezuela  esperando que se hable de ellas y por ellas.  O sea iría con humildad y seriedad, no es un juego. Bueno, le pediría que los ilumine a todos y que se dejen ayudar.

En segundo lugar, me llevaría mis dos libros preferidos de Nelson Mandela:  “Conversaciones conmigo mismo” (Mandela, 2010) y “El color de la libertad, los años presidenciales” (Mandela y Langa, 2017).  Se los recomendaría, puesto que narran como aquel hombre, quien estuvo 27 años en la cárcel, se atrevió a conversar por espacio de dos años con delegados del presidente de su país y ello no significaba traición a nadie, ni compra ni venta de conciencias, ni nada por el estilo.  Les leería textualmente las páginas 443 y 444, donde él aconseja a los líderes de Burundí lo que significa hablar con los diferentes.  Les citaría textualmente:  “En cada discusión terminas por alcanzar un punto en el que ninguna parte está totalmente en lo cierto ni completamente equivocada. Cuando el compromiso es la única alternativa para aquellos que quieren la paz y la estabilidad de verdad.”

Del otro libro, “El color de la libertad”, les mostraría todo lo que hizo Mandela cuando ganó las elecciones y como supo convocar a todas las partes para hacer posible un gobierno de transición, tomando en cuenta los grandes problemas de la mayoría negra, pero sin perseguir a la minoría blanca, sin dejar de estudiar los casos de violaciones de DDHH.

Me llevaría también los datos de ENCOVI, esa encuesta que realizan varias universidades lideradas por la UCAB.  Les recordaría algunos datos como:  los de pobreza 96%; mientras un 79,3% de las familias no tiene cómo cubrir sus gastos de alimentación (ENCOVI, 2020).  ¿Cómo será ahora en el 2021? Me detendría en otros datos sobre educación, como  ese que nos dice que en el 2019-2020 el 40% de la población escolar tenía problemas de asistencia, o sea, que los problemas de la educación no comenzaron con la pandemia.  Les recordaría que en el 2020, según UNICEF, un millón de chamos estaban fuera del sistema escolar.

Igualmente, les referiría las muertes de niños y adolescentes del JM de los Ríos: Niurka, Eliécer, Cesar y Anastasia por mencionar algunos.  Muertes que pudieron evitarse;  niños y adolescentes muriendo a edades destinadas a jugar, estudiar, soñar.

Les comentaría mi crónica de 5 días y sus noches en una cola para echar gasolina, en un país petrolero, les cantaría:  “Todo el día en la cola/ para el combustible/ país petrolero / esto es increíble.”

 

Les diría cómo los malos servicios públicos están minando la salud mental del venezolano y recordaría que casi no hay servicios de salud mental en los hospitales.  Gracias a Dios existen organizaciones solidarias que ayudan en este aspecto como CESAP, CECODAP, la Federación de Psicólogos de Venezuela…

Les haría saber que los educadores venezolanos ganan los salarios más bajos de toda América Latina y tal vez del mundo;  que muchos subsidian su labor en las escuelas trabajando en otras cosas, en las horas que pueden…  Preguntaría si saben cuánto han desaprendido los chicos en este año y medio de educación a distancia, cuántos han abandonado el sistema escolar.  Les recordaría que sin educación ningún país sale de sus crisis, que sin educadores no hay ni educación presencia ni a distancia.

Les citaría lo que hoy dijo una representante de la OPS:  “Haití y Venezuela están entre los países que van más lentos en la vacunación de su población.”  Requerimos   un verdadero plan de vacunación.  No pasos aquí y allá, con poco orden.

Me llevaría lo siguiente:

  • la última factura de mi hipertensivo y les preguntaría si creen que una persona de tercera edad podría comprarlo con la pensión;
  • un rollo de tirro para callarme y escuchar a los otros, repartiendo un pedazo a cada uno de los asistentes para que hicieran lo mismo;
  • un papelógrafo con los principios de la comunicación no violenta, subrayando el primero: observar sin juzgar.  Les invitaría a inscribirse en el próximo curso que ofrecerá el Centro Gandhi sobre la comunicación para la convivencia; 
  • la lista de ONGs, organizaciones que trabajan en ayuda humanitaria, los que ayudan a otros luchando por sus derechos humanos, la necesidad de no penalizar ni obstaculizar esos trabajos… esa Venezuela solidaria también existe y debe ser apoyada, no entorpecida;
  • un ejemplar de la encíclica “Fratelli tutti”, en la cual el papa Francisco habla de la buena política, esa que se ocupa del “bien común”.

Ya sabemos que se han dicho muchas cosas en contra de los otros, pero insistiría en la necesidad de la coherencia.  Si de verdad quieren entenderse, no pueden salir de las reuniones a descalificarse e insultarse.

Les recordaría lo que decía Gandhi: no hay que tener luz propia ensuciando o apagando la luz de los otros.

En fin, les llevaría los sufrimientos de tantos venezolanos, la urgencia de llegar a acuerdos para mitigar esos sufrimientos y les diría que de verdad necesitamos que avancen, por el bien de todos.