
“Tengo que ir al hospital. Creo que tengo un derrame. No tengo efectivo para tomar el bus. Tendré que caminar”, así le dijo temprano Josefina, en Maracaibo, a una comadre de confianza. Al rato la volvió a llamar: “Una vecina me dijo que ella me llevaba y podía prestarme algo de efectivo sin cobrarme comisión”. Dio gracias a Dios por la vecina. Ese relato es de hoy.
Hace tres días: “La hija de la compañera Erika tiene tosferina. Necesita un antibiótico que no encuentra”. Inmediatamente todos en la oficina comenzamos a aportar. “Aquí están los teléfonos de AVESOC y de Acción Solidaria. Esas organizaciones ayudan con medicinas” dijo uno. “Yo tengo el de Fundación Colibrí y el de Prepara-Familia. Ellos, si no tienen las medicinas, pueden saber dónde se consiguen”, comentó otra. Alguien dijo que preguntaría en varias farmacias. La experta en redes inmediatamente comenzó a mandar mensajes por whatsapp y twitter, y así nos fuimos activando hasta que el antibiótico se consiguió. En Fe y Alegría siempre solemos ocuparnos de otros, pero esta vez se trataba de otro que era de nosotros mismos, del entorno cercano, la compañera de todos los días.
Es verdad que los ciudadanos no podemos con esta “crisis humanitaria compleja”, como dicen los expertos, pero también es verdad que no podemos esperar sentados por quienes toman las decisiones, por los que tienen poder para abrir un canal humanitario o como queramos llamarle; tampoco por aquellos que pudieran tomar medidas para reactivar el aparato productivo o detener la inflación o esperar que muchos, ¡pero muchos! nos pongamos de acuerdo a favor de la vida de la mayoría de los venezolanos. Mientras podemos ocuparnos por el prójimo, el que está más cerca, el vecino, el que está nuestro lado.
Crear Grupos de Ayuda Mutua (GAM), aunque no tengan nombre ni se vayan a registrar, puede salvar a más de uno en estos momentos, sin dejar de exigirles a los que tienen poder que lo usen para el bien común, que cumplan con sus obligaciones.
Recomiendo que se organicen en su lugar de trabajo, en su manzana, que tengan a la mano los números telefónicos de los otros, así como los de esas organizaciones que hacen servicio público ubicando medicinas o donándolas, teléfonos de médicos solidarios, que hay muchos, más de lo que creemos. Y cooperemos con lo que otros hacen.
Estoy pensando en un grupo de Madres Promotoras de Paz de la zona oriente, que tienen este mes como “tarea solidaria” ubicar farmacias donde se encuentren las vitaminas necesarias para los niños con problemas de desnutrición, así como la información de los horarios de las emergencias pediátricas, datos que luego socializarán con las otras madres de la escuela. ¡Esa es una buena idea!
Estoy pensando en la Campaña Compartir 2018, organizada por la Iglesia Católica, dedicada este año a “Aportar a la nutrición de nuestros niños”.
No consigo todavía respuesta de cómo hacer para que las autoridades escuchen los gritos de los niños y sus madres, como convertirnos en un gran coro para que se conduelan de tanto drama. Mientras tanto, hago mi llamado: ¡nos necesitamos! El Padrenuestro no es sólo la oración que Jesús nos enseñó, es la expresión pública de que nos reconocemos como hermanos, independientemente de que franela tenga el otro, o de si va o votar o no.
Su hermana
Luisa Pernalete



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