Una mirada al recibimiento de los estudiantes de la E.T. Dr. Luis Razetti

Espacio Público-Novedades

Después de días de angustia que alteraron la dinámica familiar, comunitaria, escolar y laboral, retornamos nuevamente a las aulas de clase para continuar con nuestra misión y compromiso de seguir impactando en las vidas de nuestros chamos desde sus contextos más vulnerables, contextos que socialmente muestran signos de desigualdad sociocultural, pero que, como el resto de la sociedad, vivieron desde su dinámica en este “apagón” y sus efectos secundarios.

Bajo las orientaciones de la oficina Fe y Alegría-Región Occidente y la Dirección Nacional de Escuela, el equipo de gestión de la E.T. Dr. Luis Razetti recibimos a los estudiantes con una particular acogida, “Rompimos filas”, desestructuramos formaciones para dar cabida a dinámicas de encuentro y reencuentro a fin de fortalecer competencias y habilidades sociales desde la alegría, la opción por la paz, la convivencia pacífica y la solidaridad.

Jugaron un papel importante los líderes juveniles del Movimiento Huellas quienes a través de cantos, dinámicas, bailes, retos y desafíos lograron captar la atención de sus pares; su discurso, interés, su lenguaje, se hace común y fraterno (porque chamo con chamo se entiende).

Detrás de cámara, descubrimos y escuchamos sobre:

  • El agrado de regresar a su escuela.
  • La conversación central era el saqueo más que el apagón mismo.
  • En el barrio no había agua, pero sí comida.
  • La noche y su oscuridad se prestaba para todo.
  • La gente no se metió con la escuela.
  • Algunos compartieron lo que consiguieron, otros no.
  • Hubo muchos muertos (dicen, no lo vimos).
  • Yo corrí, para que no me alcanzaran (los policías).
  • Compartimos tertulias, juegos con los vecinos.
  • Fueron como unas vacaciones.
  • Vuelvo a ver a mis profes.

Todos estos comentarios lo hacían entre ellos, mientras compartían junto con los docentes y el resto del personal el espacio para la bienvenida.

Era importante conocer a mayor profundidad las vivencias, sentimientos, angustias sobre las siguientes temáticas: electricidad, agua, saqueos, incertidumbre, caos, anarquía, protestas… temas que nos permitieran priorizar el desarrollo de competencias socioemocionales, desde una didáctica y evaluación contextualizada para enfrentar situaciones de conflicto social. Por ello considero importante resaltar los testimonios de algunos estudiantes como los siguientes:

Testimonio 1 (muchacha de 16 años): “Mi familia y yo nos adaptamos a no tener luz, en el día cada quien hacía lo que le tocaba y en la noche sólo quedaba organizarnos para dormir. Así de tranquilos fueron las dos primeras noches, pero al llegar el sábado sólo se escuchaban comentarios sobre saqueos. Allí hubo mucha gente que se aprovechó, no todos eran por necesidad o hambre, y de ser así había otras formas para resolverlas. Hubo mucha ausencia de Dios y de valores porque hasta los papás apoyaban a los hijos. Nosotros tampoco teníamos comida pero con poco y confiando en Dios lográbamos sanamente resolver”.

Testimonio 2 (muchacha de 15 años): “Sí es verdad, profe; estuvo mal, pero mire nosotras solo somos tres mujeres: mi abuela ya viejita, mi mamá que solo trabaja tres días en una venta de verduras y yo. Antes nos ayudaban dos tíos, pero, ellos están presos (no por estas circunstancias); lo que gana mi mamá no alcanza, sobrevivimos porque otras personas nos ayudan. Como yo soy la más joven pensé que tenía más fuerza y me “envalentoné” y me fui, vi la oportunidad de tener comida para estos días. Pero más vale que no, había mucho Guardia, mucha gente corriendo, me dio miedo y me devolví. Al final, los vecinos que agarraron nos regalaron algunas cosas para comer. Sólo quiero irme para poder ayudar a mi abuela y mi mamá, no sé si termine mis estudios”.

Testimonio 3 (muchacho de 13 años): “En mi casa había un poquito de comida porque mi papá maneja un carrito de Integración y siempre compraba con el efectivo. No había agua, alguna gente le llegó pero como no había luz no podíamos llenar nada y nos bañamos en poncheras para ahorrar y usar el agua para los baños. Yo no la pasé tan mal, jugaba con los de mi calle y en la noche nos acostábamos en el patio. Yo vi cómo muchos carajitos se iban a ver qué saqueaban; yo no, mi hermano tampoco. Una vecina nos regaló un cheez wez. Cuando llegó la luz quería venir a la escuela pero en la televisión dijeron que no había clases”.

Testimonio 4 (muchacho de 16 años): “Todos mis amigos andaban en eso, pero “sanamente”: comieron helados, galletas, Dalvito, nada de equipos, ni nada de eso. Yo también quería ir, pero mis papás estaban muy pendientes porque como los dos son policías me decían que la calle estaba revuelta y eso es un delito, que me quedara tranquilo cuidando a mi hermanito menor, que si me agarraban allá me dejaban porque ellos me lo advirtieron. Me dio miedo y me quedé tranquilo. De lo demás normal, papi traía lo que lograba conseguir en la calle o le daban en el Comando y en las noches me iba a visitar a mi novia”.

Testimonio 5 (docente): “Esta situación sacó lo mejor y peor de la gente. Todo mi edificio sabe que mi papá es chavista y la rabia llevó a una vecina a desearnos la muerte sólo por una convicción política. No entendí, porque difícil lo estábamos pasando todos. Pero también apareció gente buena, una vecina me regaló un pollo, imposible comer eso con mi sueldo; por eso no me preocupaba que se dañaran alimentos de la nevera porque desde hace mucho no compro ni carne ni pollo. Esta situación me permitió ayudar desde lo que soy y sé porque mucha gente estaba desesperada por agua fría y en una reunión del edificio les expliqué las bondades del agua a temperatura ambiente. Muchos alumnos hoy me ofrecían cosas de los saqueos, no las acepté y eso que era un marcador que me hace falta para dar mis clases, pero le expliqué al estudiante que mi convicción y el ser modelo ante él no me permitía darle ese ejemplo. Hoy se me presentan dos opciones: irme del país o vender algo para generar ingresos; me quedaré con la segunda porque amo lo que hago y venir a la escuela es vital para mí”.

Todo lo anterior y estos testimonios nos siguen retando y desafiando a “Trabajar con entusiasmo para ir recobrando la normalidad, promoviendo la esperanza y fortaleciendo las redes de solidaridad”.

Fortalecer los ambientes socioafectivos de los centros educativos y oficinas, que sean espacios de acogida y protección, donde enseñar y aprender es una oportunidad para desarrollar las competencias en los educandos para la vida, así como las capacidades organizativas y del personal” (Comunicado Nº 14 de Dirección Nacional de Escuelas).

Seguimos también atendiendo al personal desde el desánimo y la incertidumbre, para fortalecer nuestra misión e identidad con acciones que corresponsablemente permitan crecer en la fe y espiritualidad; seguir apostando por una formación en competencias ciudadanas y gestionar desde los tiempos de contingencia, descubriendo situaciones que nos afectan desde lo individual y lo colectivo para buscar soluciones concretas.

“Fe y Alegría no se puede casar nunca con la desesperanza. Nuestra vocación es ser hombres de activa esperanza, frente a ese escenario inmenso de pobreza y miseria”. José María Vélaz S.J. 

Por Evelin Berjes

E.T. Dr. Luis Razetti

Fe y Alegría-Región Occidente

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