Educación, asunto mío, suyo, de todos            

Hagamos las Paces-Novedades

Sumario. La educación en el país está mal. No llega a todos y la calidad es materia pendiente. Salvarla nos interesa a todos. Hay mucho qué hacer. Sobre la situación, los retos y posibles acciones para salvarla, escribo.

Según el Banco Mundial, después de la pandemia, 4 de cada 5 niños y niñas en América Latina no son capaces de comprender un texto sencillo. Y, según la UNESCO, en América Latina antes de la pandemia eran 32 millones los analfabetos, de una población de 630 millones. Parecen 32 millones poca cosa, pero son muchos los latinoamericanos que no saben leer ni escribir. Las niñas y las mujeres son las más vulnerables.

En Venezuela no tenemos cifras actuales, aunque  tomando en cuenta datos anteriores –un millón de chicos y chicas en edad escolar fuera de las aulas para el 2019, según UNICEF– habrá que pensar que son muchos los que o no han aprendido a leer y a escribir o desaprendieron.

No sé usted, pero yo conozco bachilleres, con buena educación, que han podido conseguir trabajos dignos porque tenían base para aprender el oficio para el que fueron contratados. También conozco profesionales que se fueron del país y, aunque no lograron empleos en su especialidad, han podido encontrar trabajos decentes en otras áreas, precisamente porque tenían base para aprender otras cosas. La buena educación da base para seguir aprendiendo. La mala, puede que dé títulos, pero no plataforma para aprender. Y la falta de educación es el cercenamiento de las posibilidades de una vida digna para cualquier persona.

La buena educación no es sólo la que prepara para el trabajo, es también la que enseña a convivir, la que enseña a ser buenos ciudadanos, capaces de exigir y defender derechos, cumplir deberes, construir el “Bien común”.. Es la que enseña a cuidar la Casa Común, el ambiente, el planeta. Es la que construye tejido social porque enseña a organizarse para resolver problemas. Y dígame usted si Venezuela no está urgida de ciudadanía activa y del fomento de la solidaridad y la fraternidad.

La educación  venezolana está en emergencia y en peligro no desde que se decretó la cuarentena por la pandemia. Suelo recordar que la rutina escolar, esa que garantiza clases todos los días, maestros en sus aulas, asistencia regular de parte de los estudiantes, ya tiene unos cuantos años rota. Dado que en este país no hay datos oficiales prácticamente para nada -la Memoria y Cuenta del Ministerio de Educación no se publica desde el 2016-,  sabemos de adolescentes que no han terminado bachillerato, de reducción de inscripciones en Educación Inicial, de una baja considerable en los inscritos en Educación Universitaria… Sabemos de muchas renuncias y   abandono de cargos en las aulas, dados los bajos salarios. ¿Cuántos maestros activos nos quedan? No sabemos exactamente, pero si sabemos de colegios que han cerrado por falta de docentes,  de reducción de sesiones por falta de alumnos y de profesores… ¿Dónde está la generación de relevo para sustituir a los que han dejado las aulas?

No hablemos de la calidad de la educación. En Venezuela hace más de una década que no se hace ninguna medición de los aprendizajes. Hace años que el país no aporta datos para investigaciones sobre temas educativos… Haití y Venezuela suelen aparecer en esos estudios como “sin datos”. Sabemos que, desde hace varios años, en algunas instituciones de Educación Universitaria  deben dedicar un tiempo, con los nuevos alumnos, en reforzar competencias en Lngua y Matemáticas para que puedan arrancar con base sus estudios universitarios.

Los docentes venezolanos, los que todavía perseveran, deben actualizarse  y, aunque hay iniciativas que trabajan en ello, son insuficientes.

Hay mucho qué hacer para salvar la educación venezolana. Uno es reconocer los problemas, porque ignorarlos o disfrazarlos, no ayuda. Hacer equipos de cooperación entre la escuela y las familias, los principales interesados, sim dejar de escuchar a los propios alumnos. Otro es sistematizar y difundir las buenas prácticas, porque hay centros educativos heroicos haciendo cosas muy valiosas. Otro es poner el tema en la palestra pública para que pueda interesar a todos los sectores: medios de comunicación, empresarios, académicos, políticos… Estos últimos es necesario que conozcan el tema, que lo tengan como punto en mesas de diálogo y negociación. Otro es, seguir exigiendo al gobierno que destine los recursos necesarios, tal como lo dice el artículo 103 de la CRBV, recursos que pasan por pagar salarios decentes a los docentes.

En fin, hay mucho qué hacer.  Usted y yo podemos sumar a favor de la educación. Recordando que ningún país en el mundo ha salido de una crisis sin una buena educación. Mandela lo tenía muy claro cuando asumió la presidencia de Sudáfrica, a pesar de los múltiples graves retos que tenía que enfrentar  sabía que la educación era prioridad. Una gran alianza a favor de la educación es urgente.

Luisa Pernalete

@luisaconpaz

 

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