
Hoy, muy temprano en la mañana, me encontré con mi amigo Jesús Reyes, un docente apasionado de las ciencias sociales, un educador popular consciente de la necesidad de que nuestros niños, niñas y jóvenes sean capaces de leer el mundo, analizarlo con criticidad y proponer nuevas acciones y posibilidades para cambiarlo, porque todos sabemos que no está nada bien.
Sí, nuestra Venezuela y todos los que la amamos nos merecemos un presente y un futuro mejor, también coincido con Jesús en que en ese proceso de contribuir a construir autonomía, de empoderar, de desarrollar la capacidad de leer la realidad, indignarse ante lo que en esta última está mal y comprometerse a cambiarla, en estos últimos años, han surgido nuevos desafíos.
De hecho, recientemente, en nuestro país, vivimos el regreso a la presencialidad, y tímidamente, con muchas dudas retomamos los procesos de enseñanza y aprendizaje, de gestión en los centros, de articulación con la comunidad… pero necesitamos reconocer, desde la voz de muchos docentes, que perdimos la continuidad de lo que estábamos impulsando antes de la pandemia, y, aunque en ese momento histórico nos esforzamos por seguir atendiendo las más de 149.560 personas que se encontraban en las 174 escuelas, los 5 institutos universitarios, las 25 emisoras de radio, los 75 Centros Educativos de Capacitación, con mucho respeto, en diversos casos, nos transformamos en emisores de recetas, donde le dimos a los docentes o facilitadores, por ejemplo, todo lo que debían hacer, e incluso les negamos la posibilidad de cuestionar o cambiar la “receta”.
¿Lo hicimos por maldad o comodidad? ¡No!, pero lo hicimos, dejamos de lado, debido a la realidad que nos tocó vivir, en medio de una emergencia humanitaria compleja y de la pandemia, procesos formativos que iniciaran con la reflexión crítica de la práctica, y todo esto ha limitado la capacidad creativa y la autonomía de los docentes, quienes esperan que todo llegue listo: unidades de aprendizaje, módulos, estrategias.
Nuestros educadores deben tener la oportunidad de analizar críticamente lo que se les propone y contextualizarlo, y también merecen vivir nuevamente, procesos de reflexión de su práctica educativa, formarse a partir de los resultados de estos últimos, sistematizar sus experiencias, contar con teoría pedagógica y propuestas didácticas que les permitan educar, desde los compromisos de la educación popular, por la que optaron al formar parte de nuestro Movimiento, y hoy esto es un desafío.
Así mismo, es también un desafío el avanzar en que todos los que formamos parte de Fe y Alegría, podamos descubrir o redescubrir si realmente coincide nuestra opción personal con la opción institucional, es decir, si eso en lo que yo creo, por lo que yo me levanto cada mañana y me esfuerzo, tiene algunos puntos en común con la misión y la visión del Movimiento, de modo tal que descubramos si está fortalecida nuestra identidad con FyA, la conciencia de que nuestro trabajo es un granito que suma a la propuesta ética, política y pedagógica para transformar la sociedad, esa sociedad en la que hoy vivimos.
Como tercer desafío, me sumo a la necesidad, por todo lo que nos correspondió sufrir en estos años de pandemia, de despedidas dolorosas y pérdidas de nuestro camino, de enmarcar los procesos de acompañamiento y formación en lo que el Padre Trigo llama “relaciones personalizadoras”, que son aquellas que se fundamentan en la convicción de que somos hermanos/as y debemos comportarnos y relacionarnos fraternalmente, con amor, entendido esto último como una entrega de nosotros mismos con unas características específicas: gratuitamente, de forma horizontal y abierta.
Ese tipo de “relaciones personalizadoras” pasa por primero reconocer, aceptarme, amarme con mis luces y mis sombras, saberme amada por Dios, para luego, acompañar, formar, animar desde el sentido del servicio, formada/empoderada pero con humildad, de manera diferenciada o individualizada, según sea el caso, respetando y valorando los esfuerzos llevados a cabo, realizando la corrección fraterna -si toca-, intentando comprender las motivaciones en las acciones de los otros/as, siempre creyendo que mis estudiantes, docentes y equipos -mis hermanas/os- pueden ser cada vez mejores para la mayor gloria de Dios, la felicidad de ellos mismos y el logro de la misión del Movimiento.
Queremos docentes, obreros, líderes comunitarios que se queden con nosotros, que sumen conscientemente a la misión del Movimiento, pero que si se van, lo hagan sin heridas, porque descubrieron que pueden ser felices en otro espacio, que la escuela, la radio o el Centro de Formación fue un lugar importante en sus vidas y deciden retirarse porque aprendieron que dar y sembrar con amor donde se está, les brinda felicidad.
Pero también queremos ser líderes docentes, directivos cuyo hacer se caracterice por la fraternidad, la amabilidad, la entrega, la alegría, sin imposiciones o violencia, tal como nos lo enseñó Jesús; que con humildad comprendamos la importancia del otro, del trabajo compartido, que sumemos, que nos abramos a la escucha activa y al diálogo desde el respeto y el reconocimiento de que todos tienen saberes y pueden ayudar a construir, que juntos, somos más y podemos llegar más lejos, menos cansados y con más alegrías compartidas.
Y finalmente, tenemos un desafío que engloba a todos los programas e instancias, a todos los actores del Movimiento, “rednovarnos” y “enredarnos”, la red de escuelas, el Instituto Radiofónico de Fe y Alegría con sus centros y emisoras radiales, los centros de Capacitación Laboral, el Instituto Universitario (educación superior) y el Centro de Formación e Investigación, con el Gumilla, la Universidad Católica Cecilio Acosta y otras instancias de la Compañía de Jesús, sin dejar de mencionar las alianzas estratégicas con otras fundaciones y organizaciones que persiguen sueños similares a los nuestros y trabajan para ello.
Necesitamos seguir valorando, para avanzar en un trabajo en red, no solo a lo interno, a los de Fe y Alegría, ni tampoco sumándonos solamente a una misión articulada con otros hermanos de la Compañía de Jesús, sino atrevernos a trabajar de manera sistemática, colaborativa, articulada desde una misma misión educativa, con otros que no tienen nuestro mismo corazón, pero sí comparten nuestros anhelos por un mundo mejor, una educación de calidad para empoderar a quienes más lo necesitan y para transformar la sociedad en la que vivimos.
Nos seguimos desafiando en el ámbito educativo, porque no nos podemos quedar tranquilos, esperando que las soluciones lleguen todas del cielo o por otras vías, porque creemos, tal como lo intuyó Bolívar, que los países avanzan al ritmo de su educación, y la nuestra sigue necesitando de nosotros/as, para asumir, tal como lo repite Antonio Pérez Esclarín sin descanso y lo hace vida a través de su palabra y su forma de ser y actuar: “Sin educación o con una pobre educación será imposible el progreso, la prosperidad y la paz”.
Ingrid Lux de Pérez
Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín


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