No hablo de su tarjeta de crédito o de la mía. Tampoco hablo las generadas por los líos de Cadvi-Sicad y afines. Hablo de otras deudas mucho más graves que se están generando por la acumulación de problemas no resueltos.
¿Quién pagará la deuda de los niños y niñas que llevan tiempo sin tomar su dosis de leche necesaria? No es sólo las deficiencias de calcio las que afectarán sus huesos. Se trata de los aminoácidos que la leche proporciona y que alimentan el cerebro. Si no se hace algo adecuado y ya, estos pequeños tendrán problemas con su aprendizaje. Ya esa deuda la están pagando ellos, que son inocentes, y sus padres que se angustian porque saben que no le están dando lo que deberían. “En este barrio es más fácil conseguir una caja de balas que un pote de leche”, me decía la señora Emilia, de San Félix. Una abuela contaba con voz quebrada que cada vez que se acuerda de su nietecita pidiendo su tetero en la noche se pone a llorar. ¿Qué tal menos aviones de guerra y más leche?
¿Quién pagará la deuda de la falta de medicinas para enfermedades como el cáncer? Ya saber que se tiene es una tragedia, pero no poder tratarse porque no se consiguen las medicinas es como tener pena de muerte sin debido proceso. Ya esa deuda la están pagando muchos, como Lisset, de 15 años, alumna de una escuela de Fe y Alegría en Cagua. Murió el 23. “Si tuviera dinero, ayudaría a niños con cáncer”, había escrito en su proyecto de vida. “Murió por pobre”, dijo la hermana Yralis. ¿No será preferible comprar menos bombas lacrimógenas y destinar más divisas para estos medicamentes? Saludamos la Iniciativa de la Alianza por la Salud, recién conformada, para luchar por el derecho a la salud. Tal vez ayude a que niños, niñas y adolescentes no mueran en edades de jugar y soñar.
¿Quién pagará la cuenta de la escasez de autopartes? No hablo de la Toyota o la Ford, hablo de la angustia de la cantidad de padres que mantienen a sus familias manejando un carrito, y que hoy los tienen parados por falta de repuestos, como es el caso del esposo de Yraida. “Él está muy preocupado, no duerme. El carro está fallando y no encuentra unas piezas. Si fuéramos nosotros solos, no importaría. Es por las niñas”. Ya esa familia está pagando y con dureza esa cuenta. ¿ No sería mejor comprar menos tanquetas y garantizar esos repuestos?
Aunque suene a disco rayado, los niños y las niñas son prioridad absoluta, si se les pasa la edad la cuenta la pagarán con intereses durante toda su vida o tendrán muerte anticipada.Hay que enseriarse. Hay que impedir que estas cuentas suban.
Luisa Pernalete
CFIPJ – Fe y Alegría
@luisaconpaz