Una nueva invitación a los docentes

Espacio Público-Novedades

Ante las circunstancias que estamos viviendo en nuestro país, se hace necesario que cada maestro reinvente su práctica en el aula para alegrar la vida de esos niños o niñas que diariamente buscan otras alternativas que no sea estar en sus casas mirando el techo, jugando palitos o, incluso, cuidando de su hermanito más pequeño. Ellos y ellas necesitan ahora más que nunca de nuestra atención, especialmente en lo que respecta a su educación. Por ello, resulta sorprendente la frecuencia con que son regresados a sus casas cuando al llegar a sus escuelas no hay algún docente que pueda atenderlos ya sea porque se enfermó, por carecer de efectivo para movilizarse o por haberse ido del país y no hay quien asuma el cargo. Entonces, ¿qué hacer? ¿Hemos pensado qué será de ellos el próximo año escolar? ¿Quién o quiénes asumirán el compromiso de ayudarlos a superar las deficiencias que tienen en lectura, escritura y matemática? ¿Cuántos maestros más se irán o dejarán de trabajar en el área de la Educación buscando otras formas de satisfacer sus necesidades personales y familiares?

Dentro de algunas semanas finalizará el año escolar y es momento de revisar qué hicimos y qué estamos haciendo. Soy madre y me duele ver tantos niños jugando en la calle “porque en mi escuela no hubo clases”. ¡Estoy hablando de estudiantes que están en Primaria, que han ido perdiendo el deseo de asistir a su centro educativo! ¡Basta ya de dejar a esas criaturas tan solas cuando buscan ser atendidos, escuchados y sentirse queridos! La escuela debería ser un espacio de protección como las aéreas de los parques donde se prohíben muchas cosas y, en este caso, debería marginarse el desánimo, la tristeza, el conformismo y la indiferencia, dando cabida a la esperanza, la alegría, la creatividad, la perseverancia, los sueños y los deseos de seguir vivos.

Es un reto volver a enamorar a nuestros estudiantes de la escuela para que regresen a ella. Es momento ¡ahora más que nunca! de poner a volar nuestra imaginación y buscar o crear alternativas para que cada uno de ellos sienta que es bienvenido cuando cruza el portón o está en su salón de clase. Hagamos el esfuerzo de llegar todos juntos a la meta. Por ejemplo, si no hay electricidad, salgamos de las cuatro paredes que nos rodean invadiendo otros espacios como los pasillos, el patio, la cancha o la plaza de la institución; respirar aire fresco nos ayuda a pensar y así olvidamos el calor agobiante y la penumbra del aula. Si no hay agua potable, organicemos comisiones entre padres y representantes para que lleven botellas y envases con el vital líquido para poder beber agua y mantener limpia la escuela. Si no hay PAE, tratemos de formar un círculo de meriendas colectivas para compartir entre todos, especialmente con ese niño o niña que no lleva nada en su estómago; así todos disfrutarán de un rato agradable. Además, prioricemos qué trabajar en el aula: reforcemos los conocimientos básicos, sigamos creando situaciones para desarrollar competencias y habilidades, empleemos nuevas estrategias para temas viejos. Hagamos de estas últimas semanas que nos quedan de clases un espacio divertido, ameno, que valga la pena ir a la escuela. Los que no aprendieron en estos últimos ocho meses no lo harán en siete u ocho semanas: no los atiborremos de contenidos vacíos, insignificantes,… por el simple hecho de abordar temas. Necesitamos tenerlos en las escuelas pero aprendiendo algo de valor y de significado.

Por otra parte, uno de los problemas que está afectando la rutina de los estudiantes es la ausencia de sus maestros quienes, al no poseer dinero en efectivo, no pueden trasladarse a su sitio de trabajo. Sugiero que los equipos directivos, conjuntamente con los padres y representantes, organicen una especie de caja de ahorros destinada a ayudarlos, a colaborar con ellos y de esta manera garantizar su asistencia al centro educativo. Hay que buscar alternativas, desde la cola que pueda darme mi colega o hasta el mismo representante: las circunstancias ameritan que la solidaridad se manifieste.  Evitemos que el “NO PUEDO” forme parte de nuestra rutina diaria como ciudadanos o profesionales; que nos no quiten las ganas de “HACER” y de seguir educando a esos alumnos con una hermosa sonrisa, especialmente  a los más pequeños que están en Educación Inicial o primer grado y que, por ahora, no están tan conscientes de la gravedad de la situación que vivimos. Pintemos un mejor paisaje lleno de valores, con enseñanzas dignas para que después recojamos los frutos que pueden transformar nuestra sociedad.  Hagamos el esfuerzo de seguir animando y animándonos entre nosotros mismos para que en estas últimas semanas, el trabajo sea fructífero, que nos permita inculcar el deseo de seguir mejorando en los estudios, de comprometernos a ser cada día mejores. ¿Que ya no es posible hacer nada porque fue un año complicado? Falso, siempre hay oportunidades y tiempo: todo depende del empuje que pongamos en nuestra labor.

Invito a todos los involucrados en este proceso ya sean padres, madres, directivos, docentes u obreros a servir de “CORAZON” y a trabajar con “AMOR”. Venezuela toda es un gran reto: es la suma de muchos sueños y anhelos que esperan por cada uno de nosotros.

Por Erika Espinoza

Centro de Formación e Investigación «Padre Joaquín»

Maracaibo

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